“Hit the road, Luis…”

“El justo florecerá como la palma primaveral y se multiplicará como los cedros de Líbano” (Salmo 92)

Nov 29, 2019- 19:18

“Hit the road, Jack, and don’t you come back no more, no more, no more, no more…”, comenzamos a cantar a voz en cuello Rolando Monterrosa, Enrique Contreras Perla y el que esto escribe, en el cubículo de editores jefes de la Redacción de El Diario de Hoy.
Nuestro editor subjefe, Luis Fuentes, que vivía en una permanente calma, había aguantado con paciencia los alaridos y palmas a la Ray Charles que lanzábamos hasta que me desgalillé gritando la consabida “What you say?!!!”.
“¡A la pu…!”, respondió, sin ningún tono ni cadencia musical, ni siquiera en nota menor, pero sí con tal vehemencia que nos asustó.
En seguida, una sonrisa afloró en su rostro serio… y una carcajada en los nuestros …
Esa fue la única vez que vi a don Luis, nuestro recordado don Lucho, perder la ecuanimidad. Y no es que fuera un bonachón sin personalidad o un ogro desalmado, sino que vio a prueba su proverbial apacibilidad.
Usted podía verlo serio, hasta empurrado, concentrado en los textos de editoriales y opinión, pero también en las cuentas, porque era el que, sin tener el codo muy sobado, autorizaba y cuidaba los gastos de la Redacción. Sin embargo, era muy tolerante en un ambiente que demandaba un poco de variedad para bajar tensiones y perder hasta la compostura. Su sabiduría, su rectitud y su sentido de justicia y el buen trato hacia sus semejantes inspiraba tal confianza paternal que muchos nos acercábamos a pedirle consejos. De hecho, fue la segunda persona en el Diario a la que le participé que estaba naciendo mi primera hija, algo que le extrañó porque yo era muy joven, casi un adolescente todavía.
Eran los años 80 con las salsas de Willie Colón y Rubén Blades, de las cumbias del Canchis Canchis y La Suavecita, de las juntas de gobierno, Duarte y las balaceras repentinas en las calles de San Salvador y fieros enfrentamientos en el cerro de Guazapa y los parajes de Morazán y Chalatenango. Pero, paradójicamente, eran los tiempos en que se podía caminar tranquilamente por el centro de la capital, vitrinear sin ventas en las aceras y regresar en el último bus o microbús a las 11 de la noche.
Día tras día, don Luis fue nuestro modelo de vida, junto a don Rolando Monterrosa, quien con su “enfático” estilo nos hacía afinar la redacción de las noticias y pulirnos. Ambos integraron un equipo formidable para dirigir la Redacción en tiempos de guerra, terremotos, huracanes y zozobra política y social; fueron el equilibrio perfecto, la fórmula de la armonía pero del control de emociones en la loca carrera de las noticias y los tensos cierres de edición, agravados por los continuos bombazos y cortes de energía. Eran una especie de San Pedro y San Pablo en el evangelio del periodismo y el debate de las ideas, los balances, la verificación y la ética, entre los primeros y cada vez más sofisticados sistemas de edición digital.
David Escobar Galindo llegó a llamar a don Luis “el partero de los poetas y los escritores”, porque sabía elegir a incipientes articulistas que llegaban a ser las mejores plumas para las páginas editoriales y de arte y letras.
Pero su entrega al periodismo también le costó a don Luis el asesinato de su primera esposa y su hijo en 1989, un golpe donde más duele y que pudo causarle una muerte en vida. Sin embargo, el buen Dios le compensó con creces y le procuró tiempo después que pudiera formar un nuevo y feliz hogar, en 1992. En 2016, don Luis se retiró para disfrutar completamente de su familia después de casi 50 años de vida periodística.
Don Luis Fuentes Hernández nos dejó el sábado anterior después de 42 días de lucha contra complicaciones de salud.
La última vez que hablamos fue el Día del Periodista, cuando me llamó para felicitarme, un detalle sencillo pero significativo. Quedamos en comunicarnos para ir a almorzar, pero ya no será en esta vida que lo cumplamos, sino que confío que será en un tiempo y un lugar mejores, sin las prisas ni la esclavitud de los ajetreos que nos hacen olvidar lo verdadero y perdernos de disfrutar de la compañía de quienes verdaderamente merecen nuestro afecto y espacio. Esa fue su última lección de vida para nosotros.
La próxima vez la canción dirá… “Hit the road, Luis, but please come back, come back, come back… What you say?!!!”
¡Hasta siempre, Lucho!

Periodista

Tags Opinión |

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