Tiempos recios

ese mundo de realismo mágico que es América Latina -al que pertenecemos por derecho propio-, sigue albergando dictadores, oscuras mentes manipuladoras, masas incultas, elecciones inverosímiles, personajes extraordinarios, patriotas desinteresados, empresarios inescrupulosos, políticos de pacotilla, y un elenco de personajes sumamente peculiares

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero @carlosmayorare

Feb 19, 2021- 20:22

Guatemala en la época de la Guerra Fría ambienta la última novela de Mario Vargas Llosa. En ella tienen protagonismo la CIA, Anastasio Somoza, Rafael Trujillo, Carlos Castillo Armas, Mariano Rosell y Sam Zemurray, el magnate dueño de la United Fruit Company que orquestó un golpe de Estado en el año 1954, con el que fue derrocado el presidente Jacobo Árbenz.
La democracia, esa frágil dama a la que se le debe tanto y tan poco se le aprecia, se vio sometida a mediados de los Años Cincuenta a los embates de la ambición en muchos países Latinoamericanos. En el caso de la vecina Guatemala, los intentos de Árbenz para llevar a cabo una reforma agraria y otras transformaciones sociales encontraron –explica Vargas Llosa- en los latifundistas y en los dueños de compañías bananeras extranjeras, sus más acérrimos oponentes.
“Tiempo recios”, como se titula la novela, hace un recuento de los problemas que tuvieron –y en muchos casos tienen- anquilosados a muchos países Latinoamericanos; impidiéndoles salir de la pobreza, la violencia, la falta de oportunidades, la exclusión, el autoritarismo, al ritmo que deberían; y recoge también algunas de las “soluciones” que dichos problemas tuvieron en la segunda mitad del siglo pasado en América Latina en general, y en Guatemala en particular. “Soluciones”, que como constata la historia y nos muestran sus consecuencias hoy en día, en muchos casos resultaron remedios mucho peores que las enfermedades que pretendían curar.
Tiene protagonismo también Edward L. Bernays, llamado el Maquiavelo del siglo XX debido a su ingente capacidad para manipular la opinión pública a favor de quien mejor le pagara. Un dato poco conocido es que el mismísimo ministro nacionalsocialista de Propaganda, Goebbles, decía sin tapujos que su verdadero maestro era Bernays, de quien había tomado sus eficaces principios destinados a controlar y manipular a las masas.
La gran paradoja que da vida al libro consiste en constatar cómo la más antigua y mejor establecida democracia del continente americano, la estadounidense, ayudó a darle vuelta a la política en Guatemala, a quitar y poner presidentes, a echar mano de un sistema de control geopolítico… por intereses simple y sencillamente, crematísticos, individuales y de prevalencia de unos pocos por encima del bienestar de la entera población de un país.
Como escribe Vargas Llosa: “hechas las sumas y las restas, la intervención norteamericana en Guatemala retrasó decenas de años la democratización del continente, y costó millares de muertos, pues contribuyó a polarizar el mito de la revolución armada y del socialismo en toda América Latina. Jóvenes de por lo menos tres generaciones mataron y se hicieron matar por otro sueño imposible, más radical y trágico todavía que el de Jacobo Árbenz”.
En la presentación del libro, que el autor hizo en la Casa de América, en Madrid, recalcó que uno de los mayores problemas en América Latina fue la llegada a muchos de sus países de dictadores y autoritarios personajes que con la excusa de luchar contra el comunismo (y por tanto, la intervención de los Estados Unidos), se instalaron en el poder y se dedicaron a saquear impúdicamente las arcas de sus Estados.
El libro, acota un crítico, “no solo es un análisis de la cuestión guatemalteca, sino de la cuestión latinoamericana también. Una lectura obligatoria para entender que valores como la libertad, la justicia y el pluralismo son necesarios para la construcción de una América Latina democrática y próspera”.
¿Realidad o fantasía, historia o un esfuerzo por novelar sucesos del pasado conectándolos con nuestro presente? ¡Poco importa cuando la calidad del autor es tal! Lo cierto es que ese mundo de realismo mágico que es América Latina -al que pertenecemos por derecho propio-, sigue albergando dictadores, oscuras mentes manipuladoras, masas incultas, elecciones inverosímiles, personajes extraordinarios, patriotas desinteresados, empresarios inescrupulosos, políticos de pacotilla, y un elenco de personajes sumamente peculiares. Tiempos recios.

Ingeniero / @carlosmayorare

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