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OPINIÓN: Intento de corromper a la Fuerza Armada

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Buscando utilizar a las Fuerzas Armadas para fortalecer su poder personal el presidente comenzó desde el principio de su período a cortejarlas con halagos y otras cosas, tomando un camino que lleva al desastre no solo al país entero sino también a los militares y al presidente mismo.

La idea que mueve al presidente fue expresada muy claramente por Nicolás Maquiavelo en 1513 como un consejo para los aspirantes a tiranos. “La naturaleza de los pueblos es variable; y es fácil persuadirlos de algo, pero difícil mantenerlos en esa persuasión. Y así las cosas deben ser ordenadas de tal manera que cuando ya no creen más, uno puede hacerlos creer por la fuerza”. La idea del presidente es pagarle muy bien y darle poder a un cuerpo de militares que, a cambio de eso, él espera que lo defienda hasta la muerte.

Esta idea ha probado ser muy mala porque si el poder depende no de instituciones sino de los que manejan la fuerza bruta de las armas, no pasa mucho tiempo sin que estos últimos se den cuenta de que ellos pueden determinar quién es el tirano. Los que pensaron que ellos podrían manejar a las guardias pretorianas desde afuera muy rápido entendieron que es más fácil que éstas lo manejen o lo aparten a él.

Los tiranos que logran mantener la fidelidad de una guardia pretoriana lo hacen porque ellos mismos son militares, como fue Chávez y como es Ortega. Esto es así porque las guardias pretorianas desarrollan un espíritu de casta, y sólo los que son miembros de esa casta, sólo los que tienen mando de tropas y cuarteles, son los que pueden manejar a los soldados. En otros casos, como Maduro, que heredó el esquema de Chávez, el supuesto tirano manda solo si reconoce el poder de los pretorianos. El presidente Bukele no es militar. No sabe lo que es un cuartel. No sabe lo que es para un soldado una orden de un oficial.

Los militares ya están pidiendo que se les dé poder constitucional para tener participación política y puedan decir a quién apoyan y a quién no. En una de esas dicen que ya no quieren al presidente actual. Éste puede contestarles que si hacen eso los va a quitar o les va a dar menos. Ellos le contestarán con la lógica de Maquiavelo: que no necesitan que les de cosas porque, con sus armas, ellos las pueden agarrar, y que en vez de aceptar que él los despida, ellos van a despedirlo a él. Esa es la trampa en la que el presidente se está metiendo él mismo, creyendo, por vanidad, que él, por ser él, por su carisma, siempre va a dominar a los demás, sin darse cuenta de que, al corromper al ejército en su mística y en su disciplina, él mismo está creando las condiciones para que no valga ni legitimidad democrática ni carisma ni nada excepto la brutal lógica del poder desnudo de las armas. Él no las tiene. Las tienen los soldados. Es una tontería la que está haciendo.

Pero la idea también es mala para los militares mismos. Si los oficiales actuales permiten que alguien, como el presidente está haciendo, serruche la mística militar haciendo que juren lealtad a él, no a la república y sus oficiales, y si introduce la política y los bonos, no la disciplina ni el entrenamiento, como el criterio sobre el cual está organizada la Fuerza Armada, ellos estarían permitiendo que conviertan a las Fuerzas Armadas en un grupo de mercenarios que obedecen a sus oficiales por dinero y ventajas, no por mística, disciplina y entrenamiento. Como pasó en la Guardia Pretoriana, los oficiales traicionarán al tirano, y los soldados a los oficiales.

Pero la tontería de los militares sería peor, como lo ha mostrado el horrible asesinato de las personas del FMLN. El presidente ha dado armas a otros, y no disciplina en su uso. Las armas sin disciplina causan caos, y eventualmente será a las Fuerzas Armadas a las que se llamará para que reintroduzcan el orden. Y allí salvadoreños matarán a salvadoreños, y se crearán deudas legales que en un futuro se las van a cobrar a los militares, como pasó durante la guerra. La única defensa que las Fuerzas Armadas pueden tener es el haber cumplido con sus juramentos a la República, no a un aspirante a tirano. Y la única defensa que tiene el pueblo es votar en las siguientes elecciones para que el presidente no pueda seguir en su plan suicida.

Máster en Economía

Northwestern University

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Fuerzas Armadas Lucha Contra La Corrupción Opinión

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