Amor, amistad y alegría

Se llamaba en latín “februarius”, de donde “febrero”, porque es voz semiculta, ya que la forma popular es “hebrero”, articulada y prácticamente olvidada. Febrero, como otros tantos, fue nombrado por Numa Pompilio y se dedicó a las purificaciones.

Feb 20, 2021- 18:07

Cada palabra comienza con ‘a’, son las tres ‘aes’ de la felicidad. Para sentirnos bien, debemos practicar el significado de cada uno de estos tres términos. Y como febrero es el mes dedicado al amor, nada más oportuno, entonces, hablar del amor, esa virtud del alma que nos vuelve más humanos, más sensatos, más comprensivos, más cariñosos.
Como miembros de una familia, debemos ser amorosos los unos con los otros, con el fin de que haya unidad familiar. Recordamos que la familia es la base de la sociedad; en la familia se forman los valores humanos que enriquecen la personalidad del niño para transformarlo en una persona equilibrada, dichosa de vivir, útil a sí misma, a la propia familia, a la comunidad y a la sociedad en general. Esto es si cada miembro practica con los ejemplos de la ética y la moral.
“Dad amor a un niño, y así ganaréis un gran amor”, decía el filósofo Juvenal. Y el gran estadista inglés Winston Churchill dijo: “No cabe la menor duda de que es en el seno familiar y en el hogar, donde se crean, se fortalecen y se sostienen las mayores virtudes, las virtudes más dominantes de la sociedad humana”.
También debemos ser amistosos con los demás, pues la amistad significa comprensión, solidaridad, hermandad, sinceridad y altruismo, principios que enaltecen y dignifican a quien los practica.
Y a ello agreguemos la alegría, principio vivificante y constructivo. Seamos alegres, pues la alegría enriquece el corazón y tonifica el alma. Sonriamos siempre, demostrando alegría porque el Creador nos da la vida. Por más que nos achaque un mal de salud, sonriamos, con la esperanza de que ese mal habrá de desaparecer de nuestro cuerpo. Y si ese mal ya no tiene remedio, pues sonriamos siempre. Sonriámosle a la vida, que es el más preciado don que Dios nos ha dado. Sintámonos, pues, alegres de vivir.
La persona alegre tiene una gran confianza en sí misma, y ello le hace tener éxito en lo que se propone; aprovecha todas las oportunidades que se le presentan; no se cruza de brazos a esperar a que lleguen esas oportunidades, ni las deja pasar; impulsa con mucho entusiasmo cada una de las actividades en las que participa; no posterga las decisiones importantes: actúa siempre; aplica el sentido común en la toma de decisiones y comparte y disfruta el éxito alcanzado con cada uno de los miembros de su familia y de la organización a la que pertenece, tal como escribe el ingeniero civil costarricense Marco Vinicio Urbina Soto en su libro “El éxito está en las raíces. El alma del éxito empresarial y personal”, G. Diseños Impresos, S. A., San José, Costa Rica, julio de 2009.
Amor, amistad y alegría, pues, para todos, en un afán de ser mejores personas cada vez, mejores ciudadanos, mejores miembros de una sociedad dinámica y progresista. Así sea.
Y con respecto a febrero, Mes del amor y la mistad, vemos lo que dice el lexicólogo español José Calles Vales en su libro “Origen de las palabras estrafalarias, Editorial LIBSA, Madrid, España, 2002:
“febrero. Término masculino. Segundo mes del año, el más corto del calendario, con solo veintiocho días, o veintinueve si da el caso que es año bisiesto”.
“Se llamaba en latín “februarius”, de donde “>febrero”, porque es voz semiculta, ya que la forma popular es “hebrero”, articulada y prácticamente olvidada. Febrero, como otros tantos, fue nombrado por Numa Pompilio y se dedicó a las purificaciones; consistían estas en hacer sacrificios a Plutón (dios de los infiernos) con el ánimo de que los muertos descansaran en paz, y se encendían luminarias en los sepulcros”.
Finalmente, agrega: “Durante el mes de las purificaciones o purgaciones no se celebraban matrimonios, ni se utilizaban instrumentos musicales: era un mes considerado nefasto, y por esta razón, era el último del calendario romano y lo hicieron más corto. “Februum” era en latín ‘sacrificio y expiación’, y ‘februo’ era ‘purgar’, ‘purificar’. De aquí vino a decirse ‘februarius’ (el tiempo de la purificación) y, en castellano, ‘febrero’/hebrero’”.

Maestro, gramático, psicólogo.

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