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La vulnerabilidad de los migrantes en tiempos de pandemia

Por Luis José Samayoa
Abogado

la pandemia ha planteado un reto histórico para el mundo. Además del riesgo para la salud, la pandemia ha reducido enormemente los ingresos de muchos y ha dejado sin empleo a millones de personas. Según las últimas previsiones del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), 35 millones de personas de la región latinoamericana podrían caer en la pobreza. Hoy por hoy es difícil predecir cuál será el impacto a mediano y largo plazo. En el caso de los migrantes, esto no es la excepción y están, sin lugar a duda, en el ojo del huracán. Las desigualdades preexistentes en muchos países de la región a nivel económico, de vivienda y acceso a salud aumentan el riesgo de exposición de los migrantes al virus.

Una persona puede migrar por diversas razones. Según la Organización Internacional para las Migraciones (IOM), la mayoría de personas migran por motivos relacionados con el trabajo, familia o estudios. Sin embargo, muchas otras se ven forzadas a migrar debido a que su vida corre peligro en su lugar de residencia debido a violencia, hambre, pobreza o a causa de desastres naturales. Temas de interés social que no pueden pasar desapercibidos y que aún siguen latentes.

Sumado a lo anterior, la falta de documentación e irregularidad condiciona la calidad de vida de los migrantes, así como también la búsqueda de atención médica y el acceso a trabajo formal, entre otras cosas. Por lo general, esta situación los limita a ejercer derechos ciudadanos y sobre todo derechos inherentes de la persona humana, lo que les genera barreras para acceder a servicios públicos, incluidos los del sistema de salud y de educación; tampoco resultan sujetos elegibles para programas de protección social, situación que exacerba sus niveles de riesgo y de potencial contagio. Por su alta movilidad, muchos migrantes se encuentran dispersos en las calles o asentamientos informales, con servicios de agua y saneamiento deficientes, por lo que experimentan mayores dificultades y restricciones para lavarse las manos con frecuencia, así como seguir indicaciones de distanciamiento social y la cuarentena, prácticas mundialmente reconocidas para evitar y frenar el contagio.

La situación que vivimos por la pandemia hoy en día continúa siendo inédita. La migración se enfrenta a desafíos inimaginables, para los cuáles es importante identificar y adoptar ideas innovadoras para que nadie quede atrás. Los países receptores de migración repentina y de altas magnitudes pueden realizar un trabajo articulado y gradual en la implementación de practicas con el objeto de enfrentar este desafío de forma conjunta. Por otra parte, los países de origen deben unir esfuerzos con los países receptores, brindando mejoras sociales en el ámbito doméstico para mermar la situación y que miles de personas se vayan del país constantemente.

Por consiguiente, los países tienen la obligación de respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de los migrantes. Es fundamental que en las respuestas contra la COVID-19 predomine la solidaridad entre la comunidad internacional y los países fronterizos a lo largo de los corredores migratorios, de tal forma que se establezcan lazos de cooperación y no distanciamientos y roturas en las relaciones entre países, como parte de un desarrollo sostenible a nivel mundial.

Abogado / Máster en Tributación Internacional y Asesoría Jurídica de Empresas

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