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Una ciudad de pesadilla en una dictadura

No solo los prisioneros sufrieron; también a miles de berlineses comunes les tocó “pagar los platos rotos” en 1939, ya que fueron realojados por la fuerza para dar paso a la nueva ciudad; ese gobierno se inventó una ley de expropiación y compró, a como le dio la gana, gran parte de la propiedad que iba a ser destruida.

Por Mirella Schoenenberg de Wollants
Nutrióloga y abogada

Adolf Hitler, uno de los más perversos hipnotizadores de masas del siglo XX, que logró convertir a un grandioso pueblo como el alemán en una masa de idiotas dispuestos a lanzarse al abismo —como finalmente sucedió— también fue un vendedor de humo, haciendo ofrecimientos al pueblo que lo llevó al poder, que no podía cumplir, que eran verdaderos sin sentidos. Uno de los mayores sueños alucinantes de aquel demente asesino fue quizá la construcción de GERMANIA, una super ciudad que se erigiría a expensas de destruir mucho de la histórica ciudad de Berlín.

En el cuarto aniversario de su ascenso al poder, creó la Inspectoría General de Edificios (GBI) y nombró al joven arquitecto Albert Speer su jefe. El GBI tenía la tarea de planificar y organizar la remodelación integral de Berlín que se correspondería con la conquista de Europa por Hitler.

La designación Welthauptstadt Germania, o Capital Mundial Germania, que a menudo se cree que es el nombre oficial dado por los nazis, es, como muchos de los detalles del proyecto de hecho, un nombre histórico inapropiado.

Este nombre al parecer solo surgió después de la publicación de las memorias de Speer en 1969: “Inside the Third Reich”, y que se basó prácticamente en comentarios casuales hechos por Hitler en las típicas conversaciones que sostenía el asesino con sus allegados, porque se mantenía alejado del pueblo. En palabras del historiador berlinés Gerlot Schaulinski, “combina la imagen de una ciudad visionaria del futuro con la de un dictador megalómano. Ahora, ‘Germania’ representa la arrogancia del sistema nazi y el fracaso de esos grandes planes”.

Y como las locuras nunca van solas, se ha demostrado que hubo una clara relación entre la locura de la construcción provocada por Germania y la locura de los campos de concentración. La demanda de mano de obra y materiales llevó a que muchos de los campos se construyeran muy cerca de las canteras, entre ellas Gross-Rosen, Buchenwald y Mauthausen, ahora todas palabras para el sufrimiento humano. No solo era asesino y loco, también era pícaro.

Pero no solo los prisioneros sufrieron; también a miles de berlineses comunes les tocó “pagar los platos rotos” en 1939, ya que fueron realojados por la fuerza para dar paso a la nueva ciudad; ese gobierno se inventó una ley de expropiación y compró, a como le dio la gana, gran parte de la propiedad que iba a ser destruida.

A menudo se les daban “nuevos hogares”donde las familias judías habían vivido, ya que los ciudadanos judíos eran trasladados a alojamientos cada vez más estrechos, y más tarde a guetos y luego a campos de concentración, porque Hitler no solo era asesino, loco y pícaro, también era ladrón.

Así fue como Germania jugó un papel muy importante para permitir que las autoridades nazis llevaran a cabo el Holocausto, o en otras palabras, detrás de la idea de construir la famosa ciudad se ocultaba, como suele pasar, un propósito oscuro.

De acuerdo con Schaulinski, “el uso del nombre (GERMANIA) por parte de Speer le sirvió bien durante su retrato de posguerra de su papel en el proyecto. Apoyó sus intentos de demostrar la fuerza del encanto de Hitler y por qué Speer, el arquitecto, el artista, estaba tan absorbido por su egoísmo.

“Sirve para desviar nuestra atención de los castillos arquitectónicos en el aire y, por lo tanto, logra borrar deliberadamente las consecuencias penales del proyecto”.

En otras palabras, estas ideas delirantes son meras cortinas de humo para ocultar oscuros y malévolos propósitos. ¡Hasta la siguiente!

Médica, Nutrióloga y Abogada

mirellawollants2014@gmail.com

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Adolf Hitler Alemania Dictadura Expropiaciones Opinión

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