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Europa aguanta la respiración

La amenaza migratoria lleva estriba sobre la posible salida, a pie, de miles de civiles que quieren huir el régimen de los talibanes que tomaron el poder 20 años después de haberlo dejado a raíz de una intervención militar internacional.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

La situación en Afganistán y sus consecuencias alimentan diariamente miedo, interrogantes, análisis de riesgos en Europa, tanto como en varios países de Asia central y del Mediterráneo. No quieren para nada que se repita el drama migratorio que enfrentaron en 2015 cuando más de un millón de sirios se fueron de su país en guerra, provocando una catástrofe humanitaria en las fronteras terrestres y marinas de Europa.
La preocupación inmediata de los europeos consiste en prevenir una nueva pesadilla que se inscribe en un contexto difícil: después del desastre de 2015, los europeos tuvieron que enfrentar ataques terroristas, crisis migratoria, el Brexit y sus cuestionamientos sobre las instituciones europeas y, desde 2020, la pandemia de la covid 19. Tantas crisis que provocaron desequilibrio económico y social en un espacio que puede representar un refugio para las poblaciones que migran de sus países, en el Medio oriente y ahora Asia central.
La amenaza migratoria estriba sobre la posible salida, a pie, de miles de civiles que quieren huir el régimen de los talibanes que tomaron el poder 20 años después de haberlo dejado a raíz de una intervención militar internacional. Los países vecinos de Afganistán, sobre todo Pakistán e Irán, temen una ola de migraciones. A través de Irán, sería la ruta a través de Iraq y Siria, antes de llegar a las fronteras de Europa por tierra, a través de Turquía o por el mar.
Europa ha sido traumatizada por la situación generada por el conflicto en Siria. A partir de 2015, tuvo que acoger e integrar mas de un millón de refugiados sirios. Nadie olvidó las imágenes de muertes sobre las orillas del Mediterráneo, en Grecia, transformando este mar en un cementerio. Las consecuencias de ese desastre fueron humanitarias, económicas pero también políticas, reforzando en varios países, movimientos nacionalistas denunciando la debilidad de las fronteras europeas. Que sea en Grecia, pero también en los Balcanes, Hungría o Alemania, nadie quiere en Europa, vivir de nuevo la catástrofe que sería ahora afgana.
A pesar de que no está anunciado un éxodo masivo, la propia Organización de las Naciones Unidas evalúa a 500,000, el número de personas que podrían migrar. Es el resultado de una crisis de mayor amplitud en Afganistán, desde los años 1970.
Europa sigue siendo un destino ideal para estas poblaciones en dificultad. Hasta hoy el 13% de los refugiados de Afganistán ha logrado instalarse sobre el suelo europeo, la mayoría en Alemania, que acoge un total de 150,000 personas. En Francia, son casi 32,000 hasta hoy. Por cierto, la opinión pública no aguantará una crisis migratoria adicional.
Las cicatrices de los años 2014-2016, las tensiones comunitarias en varios de sus países, la administración de la crisis sanitaria desde casi dos años, generando fricciones económicas y sociales teniendo consecuencias sobre el empleo, tantos aspectos que explican la fuerte aprehensión de los europeos. La cumbre del Consejo Europeo, que reunió en Bruselas, el 31 de agosto pasado, a los ministros del interior de los 27 miembros de la Unión, ha sido clara en su determinación en “impedir el regreso de los movimientos migratorios ilegales”, reforzando medidas de seguridad en sus fronteras exteriores.
El propio jefe de la diplomacia europea, el español Josep Borrell, declaró que “la capacidad de recepción de Europa tiene límites”. Nada se puede hacer sin una cooperación con los países vecinos y limítrofes de Afganistán.
Además, Europa sigue estando preocupada por los riesgos terroristas. Para prevenirlos, el Ministro del Interior francés propuso que sea registrada cualquier persona que llegue sobre el suelo europeo, lo que supone una armonización entre los miembros de la Unión. Esta voluntad exige un gran trabajo mientras las posiciones para atender a los afganos varían: España, Italia constituyen los países europeos que recibieron el número de migrantes afganos más importante. España aceptó recibir a los colaboradores de las instituciones europeas además de convenir de un acuerdo con los Estados Unidos para ampliar la capacidad a 4,000 personas más. Italia está dispuesta en atender a 5,000 de ellas. A pesar del Brexit, Gran Bretaña no olvida la ayuda que recibió de colaboradores afganos y el primer ministro Johnson en prestar ayuda, por lo que pretende recibir 20.000 de ellos. Por el contrario, Eslovenia, Dinamarca, Hungría, Polonia están firmes en su hostilidad en recibirlos cuando Austria cuenta ya con la presencia de 40,000 refugiados y no puede recibir más.
Grecia teme ser confrontada a una ola migratoria, por lo que acaba de construir una pared de 40 kms. lo largo de su frontera con Turquía. Es decir, la complejidad de la una situación que puede resultar explosiva para la Unión Europea.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr

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