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Ministro: El que se va pa’ Sevilla pierde su silla, la visa y el programa de visas

Las relaciones diplomáticas de El Salvador con Estados Unidos no son cuestión de juego ni una “piñata” y, por tanto, deben ser consideradas de manera seria. Pero bajo el régimen de Bukele, la amistad de ambos pueblos está siendo mancillada.

Por Óscar Landaverde
Diplomático

Los que han asistido a una fiesta infantil seguramente se han divertido con el famoso juego de las sillas, en el que varios competidores están caminando alrededor de las mismas, escuchando una alegre canción, pero cuando la música deja de sonar, los participantes tienen que sentarse en una de ellas. El problema es que siempre hay un número de sillas menor al número de participantes; al final, el cipote que no está atento y que no encuentra un espacio disponible, tiene que salir de “la jugada”.

A diferencia del juego de las sillas, las relaciones diplomáticas de El Salvador con Estados Unidos no son cuestión de juego, ni tampoco una “piñata” y, por tanto, deben ser consideradas de manera seria. Pero bajo el régimen de Bukele, la amistad de ambos pueblos está siendo mancillada.

Una actitud iracunda, como la de un ministro quien está incluido en la lista Engel, no ayuda a mantener una buena comunicación con Washington. Se recuerda que hace tan solo algunos meses este funcionario del régimen, en medio del lloro, informaba “al mundo” sobre su “decisión” de renunciar a la visa estadounidense, pero dicho lamento no tenía validez, porque el documento de viaje ya había sido cancelado por el Departamento de Estado con anticipación, al ser incluido en las “lista de los chicos mal portados”, como sanción por “obstrucción de investigación sobre corrupción y socavar procesos democráticos”.

Esta fue la primera vez que la música dejó de sonar en el despacho ministerial y que ocasionó que el titular perdiera su “espacio en la silla”.

Pero el enojo no se quedó allí. Hace un par de semanas conocimos de la inadecuada exigencia de este mismo ministro, quien solicitaba “ipso facto” expulsar a la Encargada de Negocios de los Estados Unidos, la excelentísima Embajadora Jean Manes. El resultado de esa rabieta: la eliminación de la administración por parte del Ministerio a su cargo del programa de visas temporales de trabajo que beneficia a salvadoreños seleccionados para ir laborar legalmente esa nación norteamericana.

Estos funcionarios no entienden que complicar las relaciones diplomáticas de El Salvador con Estados Unidos es igual a complicarlas con el mundo entero, ya que la naciones democráticas están regidas por un mismo patrón de conducta que las diferencia de las dictaduras.

En ese espejo deben verse otros funcionarios del oficialismo para evitar ser sancionados. La solución: regir su conducta bajo los valores del mundo civilizado, es decir, respeto de la democracia, no someterse a la autoridad de magistrados y jueces usurpadores y tampoco aprovecharse de un puesto de servidor público para reprimir y, finalmente, dejar de robar a manos llenas.

Como consecuencia a tan desatinadas declaraciones, el Ministerio de Trabajo perdió el derecho a continuar administrando el referido programa migratorio, el cual pasó a ser gerenciado por Cancillería. Ahora es esta institución la que debe salvaguardar tan importante concesión migratoria concedida por Estados Unidos; es allí en donde se tendrá que conducir la diplomacia salvadoreña, con profesionalismo, respeto entre ambos países y buscando el interés del pueblo, porque si no se hace de esa manera, también podría perder su “puesto” en el “juego de la sillas”.

Porque en realidad, lo que los salvadoreños necesitamos son funcionarios honestos, responsables, empáticos y preocupados por nuestra Patria y nuestras relaciones con las naciones del mundo que aman y valoran la democracia. En verdad, no queremos tensión, queremos distensión con los países amigos. Pero si los titulares de las diferentes carteras del Estado no están a la altura ni se comportan bajo los estándares internacionales, es mejor que abandonen sus puestos, porque el servicio público no debería ser una “piñata”.

Al final de la fiesta, el Ministro en cuestión se quedó sin el plato y la sopa; sin piñata, sin dulces, galletitas y horchata, se quedó sin su visa personal y sin el programa migratorio para los trabajadores.

Diplomático salvadoreño.

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