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Pastor Mario Vega: El precio de ser Martin Luther King

El odio había terminado con el mensajero, pero no con su mensaje. La verdad es perenne. Nunca el camino a la libertad ha sido fácil, debe pasar por los valles de sombra de muerte antes de poder alcanzar las cumbres de la justicia y la verdad.

Por Mario Vega

El tercer lunes de enero de cada año se celebra en los Estados Unidos el Día de Martin Luther King, el único asueto nacional de ese país dedicado a una persona. El doctor King fue un pastor bautista ganador del premio Nobel de la Paz de 1964 por su lucha en contra de la desigualdad racial a través de la resistencia no violenta. También fue honrado, póstumamente, con la Medalla Presidencial de la Libertad en 1977 y con la Medalla de Oro del Congreso en 2003. Cientos de calles en los Estados Unidos llevan su nombre, como otros tantos parques y un condado. En 2010 los obispos católicos estadounidenses le solicitaron al Papa reconocer a King como “mártir de la Iglesia”, aun cuando hubiese sido un evangélico. En Washington se construyó un Memorial en su honor, que fue dedicado en 2011.

A pesar de que el reverendo King hoy es conocido y honrado mundialmente, las cosas no fueron siempre así. En 1954 fue ordenado pastor, como también lo habían sido su padre, abuelo y bisabuelo. Al año siguiente se convertiría en el líder y portavoz de la lucha por el derecho al voto de los negros, la eliminación de la segregación, derecho al trabajo y otros derechos civiles. A pesar de que su lucha la basó en la no violencia y la desobediencia civil, tuvo muchos opositores y enemigos políticos. Fue llevado a prisión más de veinte veces, su casa sufrió atentados con bombas incendiarias, recibió ataques contra su imagen y su nombre, en una ocasión fue agredido con un abrecartas que logró tocar su aorta. Después sufriría tres ataques físicos más. Fue señalado de comunista y el FBI inició investigaciones contra él, pero nunca encontraron ninguna evidencia de las acusaciones.

Para desagrado de sus oponentes, la causa de los derechos civiles avanzaba y King se convirtió no solo en el líder catalizador sino también unificador del movimiento. Muchas veces fue multado y desacreditado, pero no podían mover a King de su firmeza y sus métodos pacíficos. Recibió muchísimas amenazas a muerte, en contra suya y de su familia. En Birmingham una bomba destruyó el hotel del que había salido poco antes. Los ataques no solo eran de parte de los racistas sino también de miembros de iglesias que cuestionaban su cristianismo y censuraban su involucramiento en las luchas sociales. Algunas iglesias incluso llegaron a negar que fuera un verdadero cristiano. También fue despreciado por otras importantes organizaciones de personas de color que le consideraban poco radical o que subestimaban sus métodos no violentos.

Para entonces había comenzado la presidencia de Kennedy, quien no ocultaba sus simpatías y apoyo. Por su mediación King fue liberado de su vigésima prisión y recibió una relativa protección contra las amenazas del Ku Klux Klan. Después de la Marcha sobre Washington, en la que pronunció su inolvidable discurso-predicación “Tengo un Sueño”, fue nominado para recibir el premio Nobel de la Paz del año siguiente. Sabiendo el triunfo moral que eso representaba, sus enemigos se enfocaron en impedir que lo recibiera. El director del FBI, Edgar Hoover, quien le había investigado por años, le amenazó con revelar errores de su juventud si recibía el Nobel. Ante la firmeza de King, le envió una carta anónima con amenazas a muerte. Pero, en octubre de 1964, nada movió a King de ser laureado con el Nobel de la Paz.

El 4 de abril de 1968 salió al balcón de su modesto hotel para conversar con el director del programa musical de la iglesia donde predicaría esa noche. King le dijo: “Me gustaría oír mi himno favorito, ‘Precioso Señor, toma mi mano’, en la reunión de esta noche. Tócalo de la manera más hermosa”. Justo en ese momento se escucharon unas explosiones. King tuvo un sobresalto y, luego, se desplomó. Una de las balas había atravesado su garganta. El odio había terminado con el mensajero, pero no con su mensaje. La verdad es perenne.

Nunca el camino a la libertad ha sido fácil, debe pasar por los valles de sombra de muerte antes de poder alcanzar las cumbres de la justicia y la verdad. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim.

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Cristianismo Derechos Humanos Estados Unidos Opinión

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