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Afganistán: El tiempo suspendido de un conflicto olvidado

En un país donde operaron tanto Alejandro el Grande como los soviéticos y ahora los Aliados de la OTAN, el “baile” de los aviones de transporte de tropas como los C-130 y los C-5 no paraba en medio de aviones de combates tanto como de los drones que ilustran uno de los aspectos de las nuevas técnicas de los conflictos del siglo XXI.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Veinte años después de su despliegue militar en Afganistán, a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos están acelerando su retiro de Afganistán. La famosa base militar de Bagram fue abandonada la noche del 2 hasta el 3 de julio pasado. Construida en los años 1950, durante la Guerra Fría, por los Estados Unidos para protegerse de la Unión Soviética en el norte, Bagram ilustra la turbulenta historia contemporánea de Afganistán. Ironía de la historia: se volvió soviética en los años 1980, elemento clave de la guerra que opuso la antisoviética Alianza del Norte cuya figura mítica fue el comandante Massud, y luego con los talibanes y desde 2001 albergó más de 100,000 soldados estadounidenses.
En un país donde operaron tanto Alejandro el Grande como los soviéticos y ahora los Aliados de la OTAN, el “baile” de los aviones de transporte de tropas como los C-130 y los C-5 no paraba en medio de aviones de combates tanto como de los drones que ilustran uno de los aspectos de las nuevas técnicas de los conflictos del siglo XXI. Con las infraestructuras, el retiro programado de Kabul y del país, Afganistán es un modelo de gobierno y de sociedad que está fragilizándose mientras los talibanes están a las puertas de la capital. Repetición de la historia : nunca pareció tanto de actualidad el dicho sobre ese país como ahora: “Fácil en invadir, costoso en gobernar, difícil en dejar”.
Después de años de operaciones especiales y ofensivas, de estrategias de guerra de baja intensidad hacia voluntad de acabar con los talibanes, se intentaron todas las formas de lucha contra un enemigo que adopto finalmente las estrategia de una guerrilla. Al final, la preocupación está ganando los espacios abiertos por la salida de las fuerzas aliadas internacionales: los franceses se fueron en 2012; la OTAN, en 2014, y estos últimos días, los italianos y los alemanes, todos se han ido de Afganistán, donde la preocupación de las poblaciones urbanas aumenta. Por cierto, la estrategia de los talibanes que controlan más de la mitad de los distritos del país, esencialmente rurales, consiste en aislar Kabul del resto del país.
Claramente, la dinámica está en favor de los talibanes : no más la base de Bagram fue abandonada, retomaron sus combates y ofensivas: los esfuerzos militares fueron concentrados en el norte del país, obligando el gobierno a preparar una contraofensiva en las provincias del Takhar y de Badakhshan. ¿Cómo no olvidar que estas provincias eran fortalezas de la Alianza del Norte de Masud? La rapidez con la cual los talibanes las tomaron tiene un efecto psicológico grande en la lógica de conflicto en la cual esta Afganistán en 2021. Todos los países que vivieron un conflicto interno al igual que El Salvador saben cuántas acciones simbólicas fuertes hacen parte de la estrategia de un conflicto de “baja intensidad”, de guerrilla, donde las acciones en término de imagen cuentan tanto como operaciones militares. Ganar los espíritus, impactar, convencer a través de luso de símbolos, imágenes fuertes para influir en la percepción de una situación estratégica es parte de la guerra. Y por cierto, el retiro de la base de Bagram, la salida programada y progresiva del país de las fuerzas estadounidense y de la OTAN constituyen la finalización de un proceso político que favorece la progresión de los talibanes .
Mecánicamente, significa una disminución del apoyo logístico al ejército afgano y entonces una necesidad de concentrarse en puntos estratégicos en el país como los centros urbanos. Estancados, los Estados Unidos esperan que su retiro programado favorecerá la búsqueda de una solución para una salida de crisis y de un regreso del conflicto anunciado.
Nada menos cierto en el contexto actual y después de años que no fueron vanos obviamente, pero no permitieron la construcción de un Afganistán unido.
Los talibanes piensan que podrán restablecer un régimen islamista mientras el gobierno apuesta sobre la presencia de nuevas generaciones en las ciudades que no pueden aceptar el modelo talibán. ¿Cuál será, en un enmarco político que esta parado hoy en día, el futuro de Afganistán? Parece oscilar entre una nueva intensificación de enfrentamientos militares y una coexistencia que marcaría de facto, una separación del país, institucionalizando una fractura de todos niveles: regional, política, económica, social. Más que nunca, el tiempo parece suspendido en Afganistán.

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Afganistán Estados Unidos Opinión OTAN

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