Estado de Derecho y democracia

Ago 18, 2019- 05:40

Aunque ambos conceptos son comunes y del conocimiento de la mayoría de los pueblos, siempre es válido reafirmarlos y aferrarnos a ellos en beneficio del buen funcionamiento de las sociedades democráticas modernas, de tal manera que debemos comenzar con definirlos brevemente.

¿En qué consiste el Estado de Derecho? Según la mayoría de autores que se han referido al tema, el Estado de Derecho es aquel en donde sus autoridades se rigen y están sometidas al Derecho, tanto en lo formal como en lo material y se fundamenta en tres principios básicos: legalidad, seguridad jurídica y debido proceso, y está comprometido con la teoría y praxis de los derechos fundamentales y en el marco de una estricta división de poderes.
En la estricta división de poderes radica la garantía de una organización del poder que debe actuar en un marco de límites y competencias, con funcionarios responsables que deben actuar con apego a la Constitución.

Diversos autores investidos de suficiente autoridad refiriéndose a este tema han considerado que Derecho y Estado son sinónimos, y por eso es aceptable la teoría de que un Estado despótico no está gobernado por el Derecho, sino por la voluntad arbitraria del déspota, tal como lo ha expresado Kelsen. Este sostiene que el Estado de Derecho es una categoría jurídica contraria al Estado Autoritario, de tal manera que en un Estado Democrático es fundamental que exista una Constitución que incluya los derechos fundamentales y la división de poderes bajo un régimen de pesos y contrapesos donde no se admite la intromisión de un poder sobre otro poder, principio que hizo prevalecer en nuestro país la Sala de lo Constitucional que fungió hasta julio del año recién pasado y que con estricto apego al Estado de Derecho y ejerciendo con toda propiedad el control Constitucional del poder político logró mantener el equilibrio fortaleciendo el funcionamiento del principio de la división de poderes base fundamental del Estado de Derecho y la democracia.

Por ello se ganaron el respeto y la admiración de los hombres que sostenemos el Derecho y de la ciudadanía en general que ama la libertad y la democracia. Confiamos en que la actual Sala de lo Constitucional siga en la ruta trazada por sus antecesores que como ya lo expresamos han pasado a la historia al habernos legado los principios jurídicos, eternos e inmortales que han enriquecido el Estado de Derecho en nuestro país.

¿Qué es la democracia? La palabra proviene de dos palabras Griegas: DEMOS = PUEBLO; CRATOS = PODER, es decir el poder ejercido por el pueblo.

En la antigüedad se contraponía a la democracia como forma de gobierno “La Monarquía”, gobierno que era ejercido por una sola persona y Aristocracia gobierno de los mejores. Modernamente podríamos definir la democracia como un sistema de gobierno en que la autoridad suprema es el pueblo o como lo dijo el insigne Abraham Lincoln: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Este gobierno lo puede ejercer el pueblo directamente o por medio de representantes. En la antigüedad se practicó la democracia directa, es decir que los mismos ciudadanos ejercían el poder, las leyes eran votadas por todos los ciudadanos en una Asamblea y no por sus representantes.

En la actualidad no es posible practicar este tipo de democracia debido al número de habitantes, sin embargo en algunos países se ha establecido el referéndum o el plebiscito donde los ciudadanos pueden pronunciarse a favor o en contra de un tema determinado, como por ejemplo si están de acuerdo o no con una nueva Constitución.

A la inversa, en la democracia representativa el mismo pueblo elige a sus representantes para gobernar o legislar. En la verdadera democracia los representantes son responsables de su situación ante los ciudadanos que los han elegido.

En algunas democracias representativas hay Reyes o Reinas hereditarios, pero sujetos a la Constitución, que es lo que se llama una monarquía constitucional con poderes limitados; España, Inglaterra y Japón son ejemplos de monarquías Constitucionales.

Existe otro tipo de gobierno, la dictadura en la cual una persona tiene el poder absoluto, la palabra del dictador es ley y no le responde al pueblo.

Actualmente hay muchas dictaduras que se disfrazan de democracia y el ciudadano vota en elecciones populares, pero el voto es controlado así como los candidatos del partido político del dictador, puede existir una Asamblea Legislativa y un Poder Judicial, pero estos lo único que hacen es aprobar las políticas del dictador; estos dictadores no son elegidos legalmente, sino que han tomado el poder por la fuerza y por lo tanto todas las dictaduras son autoritarias, o sea que no se permite discutir las decisiones tomadas. No existe la libertad de expresión de reunión ni de prensa, por lo que son totalitarias, o sea que el gobierno ejerce el control en todos los aspectos de la vida del ciudadano y no solo en lo que se refiere al gobierno. Venezuela con Maduro y Nicaragua con Ortega son el ejemplo típico de esta clase de dictaduras.

REALIDAD ACTUAL.
Nos preguntamos: Los conceptos de Estado de Derecho y Democracia serán comprendidos por la gente como la nuestra, donde la inseguridad y la delincuencia no permiten la inversión y el progreso económico para cubrir sus necesidades más sentidas optando por organizar el drama de las caravanas en la búsqueda del sueño americano? ¿Será importante para nuestros sufridos compatriotas la existencia de una Sala de lo Constitucional que propugne por el respeto al principio de la división de poderes y ponga paro al abuso de poder a fin de que se viva en democracia?.

En estas circunstancias hacemos nuestro el contenido del proyecto de Desarrollo de la Democracia en América Latina, auspiciado por el PNUD, en el que se hace público EL INFORME CAPUTO, donde se advierte un párrafo que encaja perfectamente en nuestra realidad y que literalmente dice: “El corazón del problema no es que si bien la democracia se ha extendido ampliamente en América Latina, sus raíces no son profundas por lo que la proporción de latinoamericanas y latinoamericanos que estarían dispuestos a sacrificar un gobierno democrático en aras de un progreso real socioeconómico supera el cincuenta por ciento (50%). El panorama se torna aún más complejo si se toma en cuenta que varios factores indispensables para la gobernabilidad democrática, tales como una prensa libre, una sólida protección de los derechos humanos, poder judicial independiente y vigoroso, requieren todavía ser sustancialmente fortalecidos”.

Este problema representa un verdadero peligro para las democracias, puesto que los pueblos angustiados por la delincuencia, la falta de empleo y el hambre, se dejan llevar por falsas promesas y son presa fácil de líderes, demagogos y populistas, de los que tanto abundan en América Latina que terminan convirtiéndose en férreos dictadores que anulan el ejercicio democrático, y finalmente el pueblo termina por no importarle el Estado de Derecho, la institucionalidad y la democracia.

Presidente de Concertación Democrática Nacional

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