En las redes sociales las mentiras se esparcen más que las verdades

Abr 19, 2018- 22:06

Hay mucha gente que se enorgullece de informarse de todo lo que pasa, no por los medios formales, sino a través de lo que circula en las redes sociales. Y cree todo lo que allí se dice. Suena moderno. Esto lo hacen a pesar de que la credibilidad de dichas noticias es sospechosa porque no llevan ninguna firma responsable. Estas personas deberían estar conscientes de que es bien fácil que las manipulen políticamente.

Hace un año, un técnico en el uso de grandes volúmenes de datos se acercó al periódico británico The Guardian para denunciar el uso que una empresa llamada Cambridge Analytica había hecho de la información personal que, en grandes números, había extraído de decenas de millones de usuarios de Facebook. The Guardian hizo una larga investigación del tema y la publicó hace unas tres semanas, causando un grave escándalo internacional. El técnico acusó a Cambridge Analytica de usar los datos de los usuarios de Facebook para hacer perfiles sicológicos de cada uno para pasarles a través de redes sociales mensajes específicamente diseñados para motivar a cada uno de ellos a votar por un candidato en unas elecciones o por un resultado específico en un referéndum.

Estos mensajes contenían no solo propaganda sino también lo que ahora se denomina “fake news” (noticias falsificadas) para desprestigiar a algún candidato o un movimiento opuesto en un referendo. Este escándalo ha vuelto a poner en el centro de la atención mundial la enorme manipulación política que se realiza a través de las redes sociales, directamente inventando cosas y reproduciéndolas hasta volverlas virales.

Tres profesores de MIT decidieron investigar qué tanta es la penetración de las noticias falsas en Twitter. Este estudio, publicado en la prestigiosa revista Science 359 del 9 de marzo de 2018 (http://science.sciencemag.org/content/359/6380/1146) muestra que la gente, que luego se queja de que los manipulan con noticias de mentira, es la que con entusiasmo se vierte a reproducirlas, ayudando así a que lo manipulen con ellas. Si un periódico o un medio serio publica una mentira se ve sujeto a demandas por difamación o por faltar a la verdad. Esto no pasa en las redes sociales.

Usando datos de seis sitios web de prestigio que se dedican a clasificar noticias como verdaderas, falsas y medio verdaderas, lograron estudiar 126,000 historias tuiteadas por 3 millones de personas en más de 4.5 millones de mensajes. Para su sorpresa, encontraron que las noticias falsas se difunden significativamente más (con más ciclos de retuiteo, siendo cada ciclo el retuiteo de una persona a todos sus seguidores) y más rápidamente que las noticias verdaderas, especialmente cuando son políticas. Mientras que las noticias verdaderas nunca llegaron a reproducirse en más de 10 ciclos de retuiteo, las mentiras se retuitearon en 19 ciclos en promedio, y mucho más rápido que las verdades. Las verdades muy rara vez llegaron a más de 1,000 personas, mientras que las mentiras más exitosas rutinariamente llegaron a entre 1,000 y 100,000 personas.

El equipo de investigación también encontró que los robots reproducen igualmente las verdades y las mentiras, por lo que les quedó claro que los que reproducen más las mentiras que la verdades son los seres humanos. ¿Cómo es que se forma esa diferencia tan grande si los mensajes mentirosos no tienen una señal que los distinga de los verdaderos?

La diferencia más clara que los investigadores hallaron fue el nivel de lo que podríamos llamar “novelería”, que es más alto en las mentiras que en las verdades porque no hay un límite para la novelería que se le quiera dar a una mentira. A la gente le encanta hacer sentir que están en la jugada y por eso saben algo que los demás no saben, y para esto no hay nada mejor que una noticia inventada, planteando conspiraciones y hechos que nunca han pasado. Esto, por supuesto, juega a favor de los que inyectan mentiras para manipular políticamente a los incautos.

Pero creyendo y reproduciendo esas “noticias” es demostrar que uno comulga con ruedas de molino, y prestarse a la manipulación política por sucumbir a una infantil novelería.

Máster en Economía
NorthwesternUniversity.
Columnista de El Diario de Hoy

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