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El costo de oportunidad

Lo que sí queda aquí, y si no cambian la visión seguirá sucediendo, son los promontorios de basura que se encuentran por doquier. Pero que aun puede ser un costo de oportunidad, si los industriales se suben al tren de la economía de la basura y deciden impulsar más el reciclaje que sigue creciendo en Europa, por ejemplo, fabricar de llantas usadas calzado de moda.

Por Pedro Roque
Ingeniero

Recibí esta semana un artículo sobre “el costo de oportunidad” y me vinieron varias ideas sobre diferentes costos de oportunidad en nuestro país a nivel macro y micro económico. Para entendernos: el costo de oportunidad es la alternativa a la que renunciamos cuando tomamos una determinada decisión, incluyendo los beneficios que podríamos haber obtenido de haber escogido la opción alternativa.
Por ejemplo, el costo de oportunidad para El Salvador de los tres millones de salvadoreños que en lugar de estar trabajando aquí como médicos, abogados, arquitectos, enfermeros, mecánicos, artistas, pintores, cocineros y muchas otras profesiones y las empresas que han fundado es otros países, estuvieran produciendo y prestando servicios aquí. Nos beneficiaríamos todos, con mejores servicios y más impuestos recaudados para invertirnos en educación.
Quizás podría se una tesis para economistas, interpretar y expresar este asunto de forma inteligible para las partes interesadas. Incluso desarrollando nuevos conceptos como el “beneficio de oportunidad”, que no sé si existe.
Pensando, incluso en mis parientes y amigos que viven y trabajan desde hace muchos años en EE.UU. y todos los años vienen, creo que lo que ha sucedido en los últimos cuarenta años de emigración es que hasta la fecha no se le entiende, ni política ni económicamente, como costo de oportunidad, sino como una “alternativa de dinero en efectivo que entra al país” y se gasta e incluso malgasta en gran parte en consumo de productos y servicios de unas cincuenta marcas de comida rápida, ropa, aparatos doméstico y ferretería, cuyas cedes centrales están en otros países, y por lo tanto, los beneficios reales del producir, en lugar de reinvertirse aquí, se reinvierten en los países de origen.
Con las remesas sucede igual que con las lluvias, por falta de reservorios como cae se va. Las remesas que van directamente al consumo en productos importados y franquicias, como vienen, una buena parte se va. Un país crece cuando exporta más que importa y en lugar de deficit y deudas, tiene superávit. Además, entre más se endeuda más se hunde.
Otro costo de oportunidad conveniente de analizar en términos de la pérdida y con visión de largo plazo, es el de cada profesión, por ejemplo de los maestros. Imagino que los cálculos, aplicando el sentido común serían más o menos así. Suponiendo que un maestro trabaja 35 años y en sus cursos enseña a grupos de 30 alumnos, en su vida laboral educa a 1,050 alumnos y multiplicados por 1000 maestros resultan 1,050,000 de posibles salvadoreños mejor educados. Multiplíquelo por los miles que quiera y se dará cuenta los alumnos mejor educados que pierde el país.
Hoy y desde hace muchos años la poca inversión que se ha realizado en educación por los gobiernos y la mucha por cada familias, en parte ha servido para que quienes emigran encuentren trabajo en EE.UU. y retornen la inversión en lugar como incremento del PIB por la producción aquí, que sería mucho más, la retornan con remesas.
¿Y el costo de oportunidad del sector industrial por no fabricar aquí todos los productos que se compran en las tiendas especializadas en la venta de productos importados? Si es un negocio creciente importarles, sería mucho mejor si se fabricaran aquí. Lo que sí queda aquí, y si no cambian la visión seguirá sucediendo, son los promontorios de basura que se encuentran por doquier. Pero que aun puede ser un costo de oportunidad, si los industriales se suben al tren de la economía de la basura y deciden impulsar más el reciclaje que sigue creciendo en Europa, por ejemplo, fabricar de llantas usadas calzado de moda.
Y en lo microeconómico, el costo de oportunidad de los millones de salvadoreños pagando, en parte de las remesas, por ver cinco o más horas diarias las redes sociales, en lugar de en ese tiempo realizar un curso gratuito de los muchos que se pueden hacer por internet.
Revise sus costos de oportunidad, que todos tenemos alguno.

Ingeniero/Pedroroque.net

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