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El lado oscuro

Eso de escapar a las estadísticas y a las mediciones econométricas directas, así como al fisco, podría parecer en principio una ventaja; sin embargo, la precariedad de los medios de subsistencia que estas actividades informales implican en el mediano plazo (y ya no se diga en el largo término) terminan siendo verdaderos lastres para el desarrollo de cada persona en particular y de la economía del país en su conjunto.

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero @carlosmayorare

Para saber el estado de salud de una economía, los países manejan cifras conocidas, incluso, por el gran público: producto interno bruto, ingreso per capita, tasa de empleo o de desempleo, inflación, déficit fiscal, cantidad de ingresos por remesas y porcentajes comparativos, etc.; muchas variables que explican de algún modo cómo va el desarrollo de los países, que permiten comparar unas economías con otras, hacer previsiones, y manejar desde los gobiernos y desde los que estudian los mercados, los sectores de desarrollo, las mejores inversiones, etc.

Sin embargo… en todo esto -principalmente en países menos desarrollados como el nuestro-, hay un pero muy importante: esa “fotografía” de la situación económica, a partir de los datos oficiales, sólo abarca, aproximadamente una tercera parte de la realidad: el sector formal de la economía. Las otras dos terceras porciones no aparecen retratadas, al menos directamente, en el panorama general; pues, como sus nombres lo indican: economía sumergida, sector informal, mercado opaco; se trata de una realidad de muy difícil medición.

Eso de salir de la casa cada mañana para ir a la fábrica, a la empresa, a la oficina, es algo que no forma parte de, al menos, dos de cada tres salvadoreños. Diversos estudios muestran que en nuestra economía son más relevantes las actividades económicas de subsistencia, con baja productividad, y alto riesgo de volatilidad, que las que se podrían llamar formales; que quienes permanecen en la informalidad deben trabajar más horas para lograr menos ingresos que los que no lo están; que las empresas informales son menos productivas pues no cuentan con personal calificado para sus operaciones, carecen del tamaño necesario para beneficiarse de economías de escala y tienen menos acceso a la posibilidad de créditos… Por lo que, a fin de cuentas, la informalidad se convierte en uno de los factores más importantes del estancamiento económico y de la creciente emigración de salvadoreños buscando mejores niveles de vida en el extranjero.

Una emigración que, por otra parte, al aumentar el ingreso por remesas y transferencias económicas desde el extranjero, alimentan el monstruo de la informalidad, estableciéndose una especie de espiral que hace que la economía sumergida crezca año con año en relación con los sectores y los negocios que actúan dentro del marco legal.

Esto que venimos diciendo se ha agravado con las condiciones extraordinarias por las que pasó la economía del país durante la pandemia: muchas empresas grandes tuvieron que hacer recortes de personal, y emprendimientos medianos y pequeños se vieron obligados a cerrar sus puertas debido a las condiciones de estancamiento económico; por no abundar en que en la mayoría de actividades de comercio y trabajo informal no hay posibilidad real de teletrabajo, y que por lo mismo fueron fuertemente afectadas por la situación sanitaria.
Amén de que, desde la informalidad, a estas personas les fue imposible acceder a los programas de apoyo económico del gobierno, y que se han tenido que conformar con ayudas económicas puntuales, y paquetes alimenticios esporádicamente repartidos.

Todo sumado, entonces, no es de extrañar que en los últimos meses haya habido un aumento notable del número de los negocios informales, y un acrecentamiento de la emigración de personas económicamente activas.

Eso de escapar a las estadísticas y a las mediciones econométricas directas, así como al fisco, podría parecer en principio una ventaja; sin embargo, la precariedad de los medios de subsistencia que estas actividades informales implican en el mediano plazo (y ya no se diga en el largo término) termina siendo verdadero lastre para el desarrollo de cada persona en particular y de la economía del país en su conjunto.

De hecho, los economistas señalan que hay una correlación comprobada entre la extensión de la economía informal en un país, y tasas de desarrollo económico más bajas, así como un aumento directo de las desigualdades económicas entre los ciudadanos.

Ingeniero/@carlosmayorare

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