El muro se llama AMLO

Por Cristina López
Lic. en Derecho de ESEN

Ene 27, 2020- 05:40

Era el final de 2015, y la retórica electoral en la reñida primaria republicana para la candidatura presidencial estadounidense era una cacofonía de promesas y visiones de romántico patriotismo. El entonces candidato Donald Trump, encontró la manera perfecta para sobresalir entre el ruido: explotar el ya existente sentimiento anti-inmigrante que respondía a una recuperación lenta de la reciente recesión económica. Había rabia y angustia en el electorado. Solo hacía falta encaminar esas pasiones hacia una causa política, y qué mejor chivo expiatorio que una imagen caricaturizada y deshumanizada de los migrantes, en que se les presenta como los vivianes que toman sin dar, cuya presencia en Estados Unidos implica necesariamente una pérdida de estatus económico o social para un estadounidense.

En aquel entonces, las propuestas incoherentes de Trump para reducir la inmigración no autorizada parecían risibles, no solo porque rompían con cualquier tipo de precedente político y de derecho internacional, sino también porque parecían extremadamente absurdas en términos de ejecución. Entre ellas, su promesa de que su muro fronterizo sería, no sólo “el más grande y el más bello”, sino también que quien pagaría por su construcción sería México. A lo anterior reaccionaron varias voces respetables del discurso político, incluyendo la del ex-presidente mexicano Vicente Fox, que en términos que no debería reproducir ningún medio de comunicación, le dijo a Trump lo que opinaba de su muro.

Trump no ha logrado avanzar significativamente con la construcción de su muro: ha habido retrasos en la designación de fondos federales, trabas políticas de todo tipo, y obstáculos geográficos y logísticos (mismos que habían sido predichos por expertos cuando el muro solo era promesa) que han impedido hacer del muro, por lo menos en su formato físico, una realidad. Nada de lo anterior es sorpresa.

Lo que sí nos ha sorprendido a muchos es que el muro ni es físico, ni está en Estados Unidos. El muro se llama Andrés Manuel López Obrador y su serie de políticas públicas represivas de la migración en tránsito hacia Estados Unidos. Con más de una docena de periodistas como testigos, la Guardia Nacional mexicana se enfrentó a un grupo de inmigrantes centroamericanos (en su mayoría, hondureños) con el tipo de violencia que destinan este tipo de cuerpos de seguridad en contra de grupos armados o de choque. Las imágenes desgarradoras de niños llorando y civiles inofensivos siendo sujetos del trato que se destina a criminales, pintan un enorme contraste con el AMLO en su versión de eterno candidato en campaña presidencial. Como recordó en su perfil de redes sociales la periodista michoacana Verónica Calderón, incluso después de haber sido juramentado a la presidencia de México, AMLO siempre había mantenido un discurso pacífico y favorable hacia los migrantes centroamericanos, repitiendo en diversas ocasiones llamados a tratarlos con dignidad, o prometiendo facilitar la obtención de empleos en territorio mexicano para refugiados.

Pero la retórica pacífica no fue más que retórica. Las imágenes de violencia estatal desproporcionada demuestran que, donde Trump es incapaz de ejecutar sus propias promesas anti-inmigrantes, son sus gobiernos aliados quienes le hacen el favor.

Lic. en Derecho de ESEN, con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. @crislopezg

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