El juego de la vida y la vida en un juego

Sep 10, 2019- 17:40

Rhada y Moro cruzaban la edad de la inocencia, alumbrada de magia y asombros, entre burlas y risas en el juego de vivir o de vivir un juego. Porque entonces vivir no les interesaba como tal y querían hacerlo tan fácil y divertido como una travesura. Rhada, sin embargo, le dijo desilusionada que todo juego, por excitante que fuera, terminaría al final, dentro su ingenua percepción del tiempo. Mencionó los cambios de todo en la existencia: el follaje de los árboles, las flores del jardín, la edad de las personas y de las estaciones. Sus mismos juguetes terminaban rotos al paso de los días. Luego entristeció de pena, pues su canario cantor estaba muriendo. “No sé si por viejo o que le habrá llegado su fin en el inevitable cambio de la vida —dijo—. Al pobrecito le quedan desde ya horas menos”. ¡Tan sola quedaría la jaula del cautivo alpistero sin sus trinos viajeros! Moro, que había aprendido magias de su abuelo, le prometió volverlo a la vida. Al día siguiente de morir el ave, Rhada lo encontró, asombrada, cantando y agitando sus alas como antes. “¡Gracias, querido Moro!”, exclamó al ver el ave canora renacida. (I)

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