El avión y la gasolina

Los esfuerzos para aumentar la inversión en capital físico deben ser acompañados de un esfuerzo muy grande para cambiar el panorama con el que se va a enfrenta la generación que está por nacer en el país, como lo ha estado proponiendo la UNICEF desde hace un par de años

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

May 02, 2019- 18:51

En las últimas dos semanas he estado discutiendo, de una manera general, la situación del país en este momento en el que podrían darse muchos cambios para que ya no sea, como dicen, “más de lo mismo”. Por muchos años la gente pensó que el gran problema era la desigualdad. Tuvimos, en gran parte, una guerra sobre ese diagnóstico. Pero los datos indican que ese no es el problema, o por lo menos no es el problema fundamental que nos lleva a tener índices altos de pobreza, tanto monetaria como en términos de las otras cosas que contribuyen a una vida digna.

El problema es que nuestra producción es muy baja, con muy poco valor agregado, de tal forma que por mucho que se distribuya la población seguirá siendo pobre, sin educación, sin salud, sin seguridad, sin la oportunidad de gozar de lugares agradables, de una vida armoniosa.

Todo eso es lo que vuelve atractivo tomar el rumbo de la emigración, que es tan llena de riesgos y de terribles costos, y que tampoco es una solución humana al problema. Es, pues, indispensable organizar todo de tal manera que logremos crecer lo más rápido posible para por lo menos asegurar que la generación que está naciendo ahora pueda acercarse significativamente a una vida civilizada aquí, en El Salvador.

Pero es importante que ahora no se cometa el error tan garrafal que hemos cometido ya tantas veces, en el país y en América Latina, de decir “Primero vamos a producir y luego, cuando ya tengamos, vamos a distribuir con políticas sociales”. Decir esto es ignorar lo que es la economía en la que estamos viviendo en el mundo actual. Es como poner una línea aérea y decir, “Primero vamos a poner a volar al avión y después le vamos a echar gasolina”, porque con una población sin educación, sin salud, sin seguridad, viviendo en medio de la suciedad, no vamos a poder crecer. La única fuente del crecimiento en nuestro mundo es el capital humano —es decir, la educación y la salud que está incorporada en nuestra población. Sin gasolina, no vamos a poder hacer volar el avión; sin educación y salud no vamos a poder hacer crecer nuestra economía. Esto puede verse aún en el caso de América Latina.

En unas gráficas que publiqué ayer (https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/589335/capital-humano-innovacion-y-riqueza/), es fácil ver que los países más innovativos son los que son más ricos —es decir, que son los que más han crecido en el largo plazo, y que los países que son más innovativos son los que tienen más desarrollo humano. Es decir, como se puede demostrar directamente también —con gráficas mostrando el ingreso, o su crecimiento, y el desarrollo humano— el crecimiento y la riqueza son función del desarrollo humano de la población.

Por eso, los esfuerzos para aumentar la inversión en capital físico deben ser acompañados de un esfuerzo muy grande para cambiar el panorama con el que se va a enfrenta la generación que está por nacer en el país, como lo ha estado proponiendo la UNICEF desde hace un par de años. La idea es acompañar a estos niños en toda su carrera a la vida adulta, invirtiendo en cada etapa de tal forma que la educación y la salud a ese nivel quede permanentemente mejorada de una manera muy sustantiva, poniéndolas a niveles de clase mundial. No se lograría llegar al nivel de los países desarrollados, pero se avanzaría mucho. Lo importante es comenzar a sacar generaciones educadas modernamente, y saludables, y continuar mejorando su preparación año con año. Esto, por supuesto, es caro, pero más caro es no hacerlo. Y se puede financiar con una combinación de eliminación de los desperdicios, de los gastos que no tienen prioridad, de donaciones y de financiamiento de muy largo plazo (para esto si vale la pena endeudarse).

Además ahora necesitamos menos escuelas porque hay menos niños que antes por la baja en el crecimiento demográfico. UNICEF ya ha hecho los cálculos. Y, como dijo Derek Bok, un presidente de Harvard, si usted piensa que la educación es cara, trate la ignorancia. O trate de volar sin gasolina. O con bien poquita. Con toda nuestra historia, ya deberíamos de saber lo que pasa.

Máster en Economía

Northwestern University

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