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El arte de educar…

Educar es ciencia, pero también arte. Implica una alta cuota de creatividad, ya que cada niño o niña es distinto, y el hecho educativo funciona si se logra conexión emocional. Puede un estudiante pasar horas y días en un aula sin aprender nada; pueden incluso pasar exámenes sin aprender nada.

Por Óscar Picardo Joao

La cultura y la sociedad educan, a través de los ambientes, creencias y valores compartidos; obviamente la familia establece la base fundamental del proyecto educativo de una persona; las condiciones genotípicas, biológicas y neurológicas definen aspectos esenciales, respecto a los tipos de inteligencia, perfiles de aprendizaje y condiciones fisiológicas del sujeto; y finalmente, el sistema educativo, currículo, el proyecto escolar y los docentes terminan la tarea…
Educar no es simplemente tener acceso a un buen centro educativo; se trata de un fenómeno más complejo y sofisticado, que se rige por reglas diversas.
El modelo de Nussbaum propone tres conjuntos de capacidades: Innatas (embarazo y primera infancia); Internas (niñez, adolescencia y juventud; y combinadas (adultez y vejez). En cada fase se desarrollan aspectos sustantivos de lo educativo. Así, un embarazo bajo control prenatal es esencial para la salud física y mental del niño(a); luego en la primera infancia se deben acompañar adecuadamente los aspectos de motricidad, estimulación, juego con propósito y lectoescritura; posteriormente establecemos las bases para una educación sólida y coherente, potenciando los ocho constructos neuroevolutivos (atención, memoria, lingüística, espacial, secuencia, motor, social y superior); y finalmente llegamos a la adultez, en dónde esperamos lograr un bienestar sustentado en la base educativa del sujeto y tener la capacidad crítica de interpretar y transformar la realidad que nos rodea.
La educación siempre parte de una plataforma familiar; cuando el niño (a) llega al kínder o escuela ya lleva una experiencia formativa doméstica sin precedentes; es de los 0 a 6 años en dónde se establece una arquitectura neurológica en dónde se edifica el proyecto educativo. Pasan cosas muy importantes en lo que respecta a la formación del símbolo en el cerebro y el uso del juego y del juguete.
Las relaciones y dinámicas familiares en el periodo pre-escolar definen el mapa de comunicación social y la imagen de la alteridad. Son seis años cruciales para la educación que generalmente subestimamos y, que luego pretendemos corregir en los primeros años de vida escolar.
Posteriormente, debe haber un buen nivel de coordinación entre la escuela y el hogar; resulta paradójico ver luchar a los maestros (as), día a día, para establecer pautas de aprendizaje que luego se contradicen con lo que sucede en la vida familiar. Aquí se debe empujar el carro para el mismo lado.
Los niños (as) NO son seres humanos en potencia; son seres humanos en sí, y a corta edad poseen rituales y ritmos de aprendizaje (Arno Stern); y los adultos debemos observar, ayudar y guiar sin imponer, respetando y entendiendo las dinámicas de la infancia. En efecto, subestimamos el juego y el juguete, cuándo estos hechos están construyendo la base del aprendizaje.
Y llegamos a la escuela, en dónde esperamos que todos los maestros (as) tengan esa vocación pedagógica y logren construir aprendizajes significativos y relevantes para los niños. Sin olvidar que lo educativo no es pasar Matemáticas, Lenguaje, Ciencias, Artes, Educación Física o Sociales. Estamos educando para la vida, para saber vivir, por eso Jaques Delors nos definió los cuatro pilares: Aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser.
Las notas son registros, no son el fin, sino un medio básico de verificación. Se va a la escuela o colegio para fortalecer las capacidades ciudadanas, y éstas implican contenidos académicos, pero también relaciones humanas, liderazgo, compasión; y sin olvidar, que además de las ciencias básicas existe Arte y Educación Física, igual de importantes.
Educar es ciencia, pero también arte. Implica una alta cuota de creatividad, ya que cada niño o niña es distinto, y el hecho educativo funciona si se logra conexión emocional. Puede un estudiante pasar horas y días en un aula sin aprender nada; pueden incluso pasar exámenes sin aprender nada.
Enseñar es un acto teatral y artístico sustentado en la ciencia, aprender es una experiencia intelectiva y emocional interior… Enseñar es comunicación bilateral, aprender es entusiasmarse y descubrir cosas nuevas. Enseñar es dialogar y preguntar, aprender es problematizar y responder…
Finalmente, hacer educación es cómo enseñar a nadar: Nadie aprende por otro, no te pueden dar copia, o aprendes a nadar o no aprendes, no hay nota de 5, es 0 o 10, y está muy claro el rol de quién enseña y de quién aprende… Pero aquí falta la dimensión colectiva, porque nadar o aprender no es un hecho individual sino social; en el proceso educativo nos descubrimos en los demás, en el espejo del otro…

Investigador Educativo/opicardo@asu.edu

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Educación Opinión

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