Debemos vivir en armonía

May 01, 2021- 19:12

Hemos aprendido a volar, hemos aprendido a navegar; pero aún no hemos aprendido a vivir en armonía los unos con los otros” (Mohandas Karamchand Gandi, político y pensador indio, doctor en Derecho). Es muy cierta la aseveración de Gandi. Sí, porque el hombre ha inventado los más sofisticados aviones, ha inventado los lujosos y enormes trasatlánticos; pero todavía le falta vivir en armonía con sus semejantes, que es más importante que los inventos mencionados y otros inventos que deslumbran por su creatividad.

El Diccionario esencial de la lengua española, de la Real Academia Española y de la Asociación de Academias de la Lengua española, define así la palabra armonía: “1. Termino femenino. Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. 2. Variedad bien concertada y grata de sonidos medidas y pausas que resulta en la prosa y en el verso, por la adecuada combinación de las sílabas, voces y cláusulas empleadas en él. 3. Proporción y correspondencia convenientes de unas cosas con otras en el conjunto que componen. 4. Amistad y buena correspondencia. 5. En música es el arte de formar y enlazar los acordes”.

En nuestro terruño, por ejemplo, ¿cómo puede haber armonía en la familia de un presidente de la República que está en la cárcel acusado de peculado, o de otro exiliado en Nicaragua, por lo mismo; o del expresidente de la Asamblea Legislativa, que huye de la justicia por apropiarse de dineros del Estado; o de políticos acusados de acoso sexual, y de otros lamentables casos de corrupción cometidos por políticos y aún policías y abogados presos por asesinos o corruptos, y de muchos otros casos lamentables de personeros de Gobierno?

Y yéndonos más lejos, ¿cómo puede haber armonía en la familia de la expresidenta del Perú, acusada de peculado?

Sinónimos de armonía son estas voces: consonancia, ritmo, cadencia, concordancia, acuerdo, concierto, amistad, amistad, cordialidad, equilibrio, proporción.

Y antónimos: enemistad, antipatía, discrepancia.

El libro “La cuestión de los valores humanos”, del moralista doctor Hunter Lewis, Editorial Gedisa, Barcelona, España, 1993, dice que “El proverbial marciano que pudiera aterrizar en los Estados Unidos, quedaría impresionado por la casi alocada diversidad, por lo beligerante de los valores norteamericanos. Baste con tomar un periódico o encender el televisor. Frente a la aparente falta de armonía o uniformidad de las convicciones que rigen nuestra conducta diaria, ¿cómo habría que reaccionar? Los valores no son el desorden que a veces parecen. Existen ciertas opciones fundamentales, ciertas opciones comunes que todos debemos encarar”.

Son una vergüenza, pues, los casos de corrupción que cometen algunos seres humanos.

Y con respecto a la palabra “vergüenza”, veamos lo que dice el libro “Origen de las palabras estrafalarias”, del lexicólogo español doctor José Calles Vales, Editorial LISBA, Madrid, España, 2002.

Dice así: “Voz femenina.  Pudor, reserva, turbación, confusión. También se puede producir vergüenza ajena, que es la que sobreviene cuando una persona dice y hace cosas que a nosotros nos darían vergüenza hacer y decir, y lo sentimos tanto, que aunque despreciemos al sujeto, sentimos turbación y sonrojo. La vergüenza es indicio de virtud y cortesía, como lo es el sonrojo, pues ello quiere decir que se tiene virtud que se tiene virtud amplia y ordenada, y que cuando se somete a prueba la virtud, por ocultos mecanismos ignorados, sube la sangre al rostro, eso es hermosura en las damas y disciplina moral en los hombres”.

Y finaliza así: “Porque quien nunca se avergüenza de lo que dice y lo que hace, es que no tiene vergüenza, que es lo mismo que no tener pudor ni medida, ni peso ni conciencia. Por estas razones, cuando le preguntaron a aquel filósofo, qué había hecho en su vida, dijo ‘Me avergüenzo de no haber hecho más que avergonzarme’. Y el refrán ‘Más vale vergüenza en la cara, que mancilla en el corazón’. La palabra vergüenza resulta de la evolución del vocablo latino ‘verecundia’, que tuvo en las lenguas peninsulares, bastantes variantes: ‘vergüeña’, ‘vergoña’, ‘verguncia’, ‘vergunzia’, ‘vergüinza’ y ‘vergüenza’.

Vivir en armonía, pues, es vivir en paz con uno mismo y con los otros; vivir en armonía es dar amor, comprensión y empatía; vivir en armonía, en fin, es solidarizarse con los otros, es ayudar sin esperar recompensa.

Vivamos, pues, en armonía, y viremos más y mejor. ¡Que así sea!
Columnista

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