De millonarios y parásitos

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Por Gina Montaner
Periodista

Feb 21, 2020- 17:38

Es posible que Donald Trump y Michael Bloomberg hoy sean adversarios políticos, pero el denominador común de sus fortunas produce extraños vasos comunicantes entre los dos millonarios neoyorquinos.

Un día después de la debacle del ex alcalde de Nueva York en su primer debate frente a sus contendientes demócratas, el presidente arremetió en un mitin de campaña en Colorado contra el aclamado filme surcoreano Parásitos.

Con su habitual tono despectivo, Trump no ocultaba su sorpresa por el triunfo de la película del director Bong Joon Ho en los Oscar, donde arrasó llevándose por primera vez en la historia las estatuillas a la mejor película extranjera y mejor película.

En su afán por revivir la “grandeza” de una América del pasado, invocó Lo que el viento se llevó, siempre más a gusto en escenarios antebellum que en un presente más diverso e igualitario que los tiempos de la mano de obra esclava que sostenía las plantaciones del Sur.

Resulta ser que Parásitos es una mordaz sátira social sobre una lucha, la de clases, que, tal y como proclama el populista Bernie Sanders desde el ala más escorada a la izquierda en el partido demócrata, pervive hasta nuestros días.

La historia, magistralmente contada por Bong Joon-Ho, se desarrolla en el Seúl moderno, pero su éxito internacional es la prueba de que la cuestión que aborda es universal.

Hay gente más abajo que lucha por salir adelante sin los recursos con los que cuenta la clase más acomodada desde el pistoletazo de salida de la vida. Como en las otras especies animales, la batalla por la supervivencia puede ser cruenta para abrirse paso a codazos ante la displicencia de los que tienen asegurada una existencia mullida. Y la familia Kim, que vive hacinada y al día, hará todo lo que esté en sus manos por aprovecharse de la opulencia de los Park, a los que sirven desde los menesteres de la cocina a la tutoría de sus hijos.

Tanto Trump como Bloomberg sienten aversión por la incombustible dialéctica de la lucha de clases. Con desdén, en el debate en Nevada el ex alcalde acusaba a Sanders de ser un “comunista” por su mensaje a favor de un “socialismo democrático”, a la vez que no ocultaba su aire de superioridad frente a rivales que han de recaudar dinero para seguir adelante con sus campañas. Bloomberg sólo tiene que tirar de su fortuna personal, la cual, por cierto, es el fruto de su destreza empresarial.

En cuanto al presidente (su riqueza es heredada) también señala al senador demócrata por Vermont de ser un enemigo del modelo capitalista.

Bloomberg y Trump exhiben dos estilos diferentes (el primero es contenido y el segundo es desbordado), pero comparten la incapacidad de proyectar empatía, tal vez porque no la sienten genuinamente. Así es cómo el hoy demócrata (durante años fue republicano) cree que puede soltar un chiste de dudoso gusto para quitar hierro al asunto cuando una incisiva Elizabeth Warren le pregunta acerca de sus comentarios despectivos sobre las mujeres, así como alegaciones de acoso en sus empresas.

Por otra parte, Trump (que en el pasado fue demócrata) ha presumido de agarrar a las mujeres por la “vagina” (“pussy”) por ser “famoso”. Intemperancias de tipos poderosos y arrogantes a los que nadie amonesta debidamente.

Volvamos a Parásitos, una película que el presidente ni siquiera ha visto pero se siente en la obligación de ridiculizarla. ¿Acaso le incomoda que se trate de un ajuste de cuentas que surge del rencor entre clases sociales? Hay una escena clave: indiferente a las penurias de la servidumbre, el señor de la casa comenta en voz alta que le molesta el “olor” que despiden los pobres. Un simple comentario que desencadena la tormenta perfecta. Una suerte de sangrienta Revolución Francesa en el jardín de una mansión en las afueras de Seúl.

Puede que Bloomberg y Trump huelan a millas de distancia a los que no disponen de millones para tomar por asalto partidos políticos o silenciar mujeres, pero el tufo prepotente que ambos despiden puede tener el efecto de un repelente. La galardonada fábula de Bong Joon Ho está más vigente que nunca. [©FIRMAS PRESS]

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