Divide y vencerás

La clave del trabajo de manipulación, componente muy importante para dividir, exacerbar sentimientos y mantener a la gente en perpetua excitación –dando por supuesto un manipulador, una mente fría que quiera hacerlo- es que los ciudadanos no se den cuenta de que viven en una realidad ficticia.

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero

Oct 16, 2020- 18:52

Cuando se observa el modo de hacer política que se ha ido instalando poco a poco en bastantes sociedades, uno se sorprende al ver la relativa facilidad con la que personas a todas luces sin las condiciones para velar por el bien común, se han ido haciendo con puestos de poder.
En muchos casos, con poco que uno reflexione sobre las actitudes y actuaciones de quienes gobiernan en esos países, es fácil concluir que en último término no les interesa el bien de la sociedad, sino el gobierno en sí mismo. Así, no es de extrañar que –si la cultura política del país lo permite- todo se oriente a su permanencia en el poder por cualquier medio, y nada más.
Desde siempre se ha sabido que la mejor manera de dominar las multitudes es sembrar desesperanza y desconfianza, miedo, odio. Lo malo de esta táctica es que esos sentimientos no se pueden promover a medias: si se trata de polarizar la sociedad es necesario hacerlo de la manera más radical posible; lo hicieron los fascistas y los comunistas el siglo pasado, los franceses a finales del siglo XVIII, los norteamericanos en el período de su guerra de secesión, los hutus y los tutsis en Ruanda…
Alguien que conoce muy bien lo que está pasando ha escrito recientemente: “en muchos países se utiliza hoy el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte”. Exasperar, exacerbar y polarizar…: dividir. Separar entre buenos y malos, entre “nosotros” y “ellos”, entre quienes van a sacar adelante al país y quienes lo han hundido.
Esto, podría decir el lector, y con mucha razón, no es nada nuevo. Venimos así desde que el ser humano tiene memoria. Sin embargo, hay algo que ha cambiado en los últimos tiempos, hay un factor que hace que esa exacerbación y esa polarización haga más profunda la exasperación: la velocidad y capilaridad de las comunicaciones posibilitada por Internet.
Paradójicamente, unos medios de comunicación que estaban destinados a eso, a unir, a poner en común los hechos, poco a poco se han ido convirtiendo en un importante separador de las personas. Tanto, que han aparecido con fuerza realidades como “fake news”, post verdad, mis “hechos” versus tus “hechos”… Así, lo que nos debería haber unido: el interés general, un pasado histórico-cultural común, la conciencia de una humanidad compartida; en manos de estrategas políticos, genios de la propaganda, expertos en mercadotecnia, sagaces manipuladores; se han convertido en medios de desunión y confrontación.
En una sociedad dividida, exacerbada, polarizada, “la política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación”. ¿Suena conocido?
Sin olvidar que la clave del trabajo de manipulación, componente muy importante para dividir, exacerbar sentimientos y mantener a la gente en perpetua excitación –dando por supuesto un manipulador, una mente fría que quiera hacerlo- es que los ciudadanos no se den cuenta de que viven en una realidad ficticia.
No en balde se dice aquello de que la clave del dominio del pastor sobre el rebaño se basa en infundir y sostener el miedo a los lobos que naturalmente tienen las ovejas; y que el secreto de su éxito, es que las ovejas jamás sepan que quien al final termina comiéndoselas no es un lobo, sino… el pastor.

Ingeniero/ @carlosmayorare

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