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Por ser mujer

Marcela Villatoro, diputada de ARENA, hacía alusión al discurso de odio por parte de los diputados de Nuevas Ideas y a las decisiones tomadas por el gobierno últimamente. Esto desató hostilidad en muchos fanáticos del partido oficialista y atacaron a la abogada por redes sociales. El pasado 3 de julio, ella compartió una captura de pantalla por Twitter, mostrando como un hombre la insultaba. Un fragmento de su mensaje decía: “Te mereces que te secuestren y te violen”.

Por Alexa Cristal Menjivar
Estudiante de la ESEN

No es secreto que, conforme crecen, las niñas y jóvenes están expuestas a la percepción que tenga el mundo sobre sus cuerpos, capacidades y virtudes, lo que viene acompañado de discriminación y abuso contra ellas. Y es que la violencia de género es bastante específica: tiene como único blanco a las mujeres solo por el hecho de serlo. Por ello, la visibilización de estos sucesos y la capacidad de identificarlos resulta esencial.
Desgraciadamente, según la ONU, 736 millones de mujeres han sufrido abuso por parte de su pareja u otro familiar. De acuerdo con un estudio del Royal College of Psychiatrists, en el caso que los hijos sean únicamente testigos de estos actos, las consecuencias psicológicas varían. Los chicos tienden a ser abusivos con las mujeres. Inversamente, las chicas suelen sufrir un impacto más profundo, ya que “aprenden de sus madres que la violencia es inevitable y es algo con lo que tienen que vivir”.
Claramente, los efectos que tiene esta percepción de la sociedad en nosotras es dañina. Las vivencias traumáticas quedan incrustadas en lo más profundo de nuestra “experiencia colectiva”, en la que somos las víctimas comunes de un sistema en el que se nos ve como una entidad inferior o insignificante en cualquier ámbito tal como la política, salud, universidad y centros de estudio, hogar o transporte público. Al mismo tiempo que queremos integrarnos a la sociedad, ésta parece querer excluirnos con misoginia, limitarnos con abuso, o eliminarnos con feminicidio.
Aun cuando este problema es tan visible y claro en nuestro país, algunos cuestionan la existencia del concepto de violencia de género. ¿Cómo es posible que alguien asesine a una mujer solo por serlo? ¿Por qué es tan diferente el concepto que le damos a lo que sufren las mujeres con lo que sufren los hombres? Ellos también corren peligro en las calles, muchos están en condiciones de pobreza y también son asesinados. La respuesta está en el modo en el que son violentados con respecto a las mujeres.
Una representación de este problema se encuentra en los rasgos del feminicidio. El Código Penal Federal de México, en su artículo 325, plantea que unas de las principales características son violación sexual, antecedentes de violencia por parte del feminicida contra la mujer, vínculo afectivo o de confianza entre las partes y que el cuerpo de la víctima sea expuesto. Muchos homicidios no tienen ninguna de estas particularidades. Y es que este acto se ve guiado por la creencia de que las mujeres son un objeto inferior y por el odio internalizado de muchos hombres que nos ven como algo “usable y desechable” en cierto sentido.
Un ejemplo claro y reciente es el de la intervención en la Asamblea Legislativa de Marcela Villatoro, diputada de ARENA. Ella hacía alusión al discurso de odio por parte de los diputados de Nuevas Ideas y a las decisiones tomadas por el gobierno últimamente. Esto desató hostilidad en muchos fanáticos del partido oficialista y atacaron a la abogada por redes sociales. El pasado 3 de julio, ella compartió una captura de pantalla por Twitter, mostrando como un hombre la insultaba. Un fragmento de su mensaje decía: “Te mereces que te secuestren y te violen”.
Así también es conocido el caso de la abogada y activista Bertha Deleón, que fue blanco de una campaña de marginación sexista por parte de la figura política Walter Araujo. Esto es un signo vivo y latente de que no importa cuánto una mujer se esfuerce por alcanzar sus metas y explotar sus talentos: para una sociedad llena de discriminación y misoginia no va a ser más que un ser sexualizado e inferior que únicamente tiene valor cuando no se pronuncia.
Respecto a esto, hay muchos hombres en política que están en contra de las decisiones del Gobierno y se manifiestan. Pero la respuesta y crítica que reciben de sus opositores no va referida a su valor sexual, ni a sus capacidades mentales. Sería raro ver que la mayoría de los comentarios hacia ellos sea “histérico”, “no le han dado”, “anda con la regla”, “tóxico”, “ojalá te violen”. Pero, para una mujer, es lo usual. Esta es la violencia de género.
Sucesos de esta índole nos invitan a reflexionar sobre la importancia de hacer saber a muchas mujeres que lo que han vivido tiene nombre. La violencia de género necesita la atención de la sociedad y las instituciones que velen por nuestro bienestar. Educar y hacer saber a las personas sobre el valor de la equidad y la lucha para evitar la discriminación resulta esencial para proteger a nuestras niñas y adolescentes, y que sepan identificar abuso de inmediato. De esa forma, podemos generar un ambiente más ameno para todas las salvadoreñas que solo quieren un espacio seguro para gozar de una vida normal.

Estudiante de Ingeniería de Negocios / Miembro del Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

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