Receta contra la demagogia y el populismo

Aprender y cultivar nuevos conocimientos siempre será la mejor opción cuando se ejerce un cargo público y al practicar la contraloría social.

Ago 05, 2020- 21:06

La demagogia y el populismo se combaten con un alto nivel de cultura política. Los ciudadanos necesitan un conjunto de valores, ideas y creencias afines a lo político. No tiene que ver con lo político partidario sino con el interés de los individuos por la forma y el estilo con los que se conduce la cosa pública. En la medida que la población audita constantemente el comportamiento de sus representantes aumenta la posibilidad de un cumplimiento puntual y justo de las promesas electorales. Esa labor, la de fiscalizar la eficiencia y la eficacia con la que actúan los servidores públicos, solo puede realizarse de manera certera si quien observa, analiza o investiga tiene algún grado de formación. Lo contrario es crítica sin fundamento, chismorreo, puras habladurías.

El aprendizaje en el ámbito político requiere de instrucción y estudio. La mayoría de políticos cultivan el oficio practicándolo. Ese “método” podrá concederles cierta experiencia pero no les dota de la competencia necesaria para administrar al Estado de forma rigurosa. Para alcanzar un cargo de elección popular si bien se requiere de los votos de la gente, también es imprescindible la preparación académica. Lo mismo puede decirse de los electores. El respaldo a un determinado candidato debe basarse, por un lado, en información precisa sobre los antecedentes del potencial funcionario y, por el otro, en las destrezas que requiere el puesto para el que postula el aspirante.

En resumen, auditores y auditados necesitan formación. Los primeros para indagar con minuciosidad y, en base a ciertos indicadores, sobre la labor de los segundos; y estos últimos para ejercer su profesión, sí, la profesión de político, con la suficiente pericia y responsabilidad. Sin un mínimo de aprendizaje sobre el funcionamiento del Estado, los sistemas políticos, la función pública, las elecciones, la integridad electoral y la comunicación política, por mencionar unos pocos ejemplos de la temática que interesa a quien se cree capaz de representar los intereses de la sociedad, nos encontraríamos como en un barco a la deriva, sin capitán, ni contramaestre, ni buenos marineros.

Un mínimo de entendimiento sobre el concepto de democracia nos permitiría comprender, sin fanatismos ni revanchismo político, los efectos de lo sucedido el 9 de febrero, cuando el presidente ingresó a la Asamblea Legislativa custodiado de militares. Si lo que se quiere juzgar es la conducta del mandatario durante los meses de confinamiento obligatorio como consecuencia de la crisis sanitaria generada por la pandemia del Coronavirus, el interesado hace bien al leer la Constitución y al profundizar sobre ciertos conceptos vinculados a la república, a la democracia representativa y a los controles recíprocos entre las instituciones del Estado. Conocer las atribuciones de los Órganos del Estado y las facultades de las instituciones de control, posibilita a los que investigan las interacciones de los actores políticos para discernir quién ha obrado conforme a la Ley Fundamental y quiénes han omitido su labor incurriendo en tipos delictivos.

Los que vigilan el proceder de las instituciones y el de su titular o titulares amplían su perspectiva comparada cuando conocen el funcionamiento de otros sistemas. Indagar sobre el éxito, el desarrollo y la actividad independiente –y también sobre los fracasos y obstáculos- de las instancias públicas en otros países, descubre nuevas prácticas que luego pueden adaptarse a la realidad nacional para mejorar su aplicación.

En definitiva, aprender y cultivar nuevos conocimientos siempre será la mejor opción cuando se ejerce un cargo público y al practicar la contraloría social. Con este propósito, la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) creó en 2015 un programa de educación cívica a través de su Departamento de Estudios Políticos y con el respaldo incondicional de Hanns Seidel Stiftung, orientado a la formación de servidores públicos y líderes en la sociedad civil, los medios de comunicación, los partidos políticos, las gremiales empresariales, las universidades, los centros de pensamiento, las embajadas, los organismos internacionales, los departamentos de riesgo de las empresas y los particulares interesados en el desarrollo nacional. Esa iniciativa se concretó con la constitución de la Escuela Centroamericana de Gobierno y Democracia (ECADE).

El próximo 25 de agosto inicia la 6ª edición del diplomado “Aspectos generales de los sistemas políticos y de la gestión pública”. En esta ocasión el programa se desarrollará virtualmente. Ya son más de 400 graduados de la Escuela que desempeñan funciones en diferentes ámbitos de la vida nacional. ECADE persigue contrarrestar la demagogia y el populismo. Pide información en el correo ecade@ecade.org.sv y prepárate para ser un agente de cambio.

 

Doctor en Derecho y politólogo

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