Culpas tardías del pasado

Ago 13, 2019- 17:25

Desconcertado por la joven aparición en su despacho, el abogado Endson preguntó al administrador quién había vivido allí en el pasado y éste le refirió algo triste: “Un hombre fue acusado de un crimen nunca cometido y el jurado hizo fusilarlo el invierno de 1930. El ajusticiado era inocente y su hija lo sabía. Las pruebas de su inocencia desaparecieron de acuerdo a una oculta conspiración. Ella perdió la fe en la justicia y se pasó la vida leyendo libros sobre el derecho humano. Creía que su padre continuaba existiendo y que un día sería redimido.”
Endson bajó la cabeza, castigándose a sí mismo en su interior. Él sabía –más que nadie—sobre aquella historia. El pasado revivía de súbito en su memoria, estremeciendo sus entrañas. Él fue uno de los acusadores de aquel hombre inocente. Pero su arrepentimiento era en vano. En su oficio solía exculpar a confesos ladrones o asesinos o –por igual— condenar a tantos inocentes que la justicia o las circunstancias señalaban como culpables. Pero el tiempo pasado no podía revertirse y –por tanto—borrar los sensuales y atormentadores fantasmas de su tardía “mea culpa”.

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