¿Qué sigue en el plan dictatorial?

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Por José Miguel Fortín Magaña
Médico psiquiatra

Mar 10, 2020- 18:35

Debo repetirlo una y otra vez, por si alguien bien intencionado no lo ha visto: el 9 de febrero no fue el arrebato de un niño malcriado, sino el inicio de una estrategia para conseguir el poder total, con el aplauso de algunos embajadores y de pocos funcionarios internacionales (de hecho solo uno, el Secretario de la OEA) y, gracias a Dios, con el rechazo de la inmensa mayoría de las naciones y la casi totalidad de las fuerzas democráticas del país.

Ciertamente, si hubiera asistido el Pueblo (y no solo 4 mil ciudadanos obligados o afiliados a NI) o si los diputados como cuerpo colegiado hubieran sido genuflexos y servilmente hubieran atendido la orden presidencial; si la comunidad internacional no hubiera sido contundente en el rechazo al Golpe de Estado que consumó por 15 minutos, o si la Sala Constitucional no hubiera parado al ejército en su intento golpista, aparentemente comandado por él mismo y por el ministro de la defensa; entonces hoy ya no tendríamos república.

Gracias a Dios eso no ocurrió y el mandatario (repito, el empleado que recibe el mandato del Pueblo) tuvo que volverse atrás, lloriqueando y orando a Alá, como lo hizo; pero no para detenerse. De hecho lo expresó con claridad: era un movimiento táctico; “paciencia, Dios me ha pedido paciencia”, debiendo entenderse en esta sentencia que su alter ego era quien sugería esperar para atacar a la Asamblea y a la Corte desde otros flancos.

¿Qué ha pasado desde el 9F? ¿Paró ya el ataque a la Institucionalidad? La respuesta es un NO rotundo; ha continuado incitando a las turbas para que respondan con violencia, como lo sucedido recientemente contra el diputado Handal y los innumerables insultos y amenazas desde las oscuras redes que manejan todavía más siniestros personajes.

En ese plan, rodeado de los jefes castrenses, instaló pocos días después en la Plaza Cívica, una tarima en la que se encaramó e hizo jurar lealtad hacia él, a 1,300 nuevos soldados, mientras los aviones silbaban y la policía acordonaba el lugar, para demostrar su poderío.

En la misma tesitura llegó al BID a sugerir que debía quemarse a “todos los políticos” (donde convenientemente no se incluye) y otro día se reunió en Casa Presidencial con los militares, sentado en la cabecera, custodiado por cadetes vestidos con uniformes de época y sendas banderas negras; ¡Cuánto parecido en la forma, con los neo símbolos y actitudes que usaban los regímenes fascistas del siglo XX!

El juego no ha acabado; el autócrata presidente desoye las leyes y ordenanzas constantemente. Se cree más allá del bien y el mal y considera que sobre él solo está dios, uno con “D” minúscula, porque fue hecho a imagen y semejanza suya.

Lo siguiente será permitir que las turbas divinas ataquen a los enemigos del régimen, para anular la oposición parlamentaria y a los generadores de opinión que discrepen del gran líder o de sus esbirros.

Todo parece indicar que continuará con su horroroso fin: perpetuarse en el Poder. Winston Churchill decía que “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre; con excepción de todos los demás” y tenía razón; y citando a Cervantes, en El Quijote, hemos de decir que “La libertad (…) es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; [y que] con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”

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