Cansados de los políticos pero no de la república

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Por Erika Saldaña
Abogada

Feb 23, 2020- 18:50

La gente está cansada de cómo los políticos han manejado los asuntos públicos desde hace décadas. Eso es evidente y se refleja en cada comentario o encuesta sobre el nivel de confianza hacia el trabajo de los diputados. Pero hay que tener clara una cuestión: el cansancio es contra las personas que han deteriorado la imagen y trabajo en la Asamblea Legislativa, no se trata de una molestia contra las instituciones y los principios propios de una república.

De este discurso de “los mismos de siempre” se han intentado valer los simpatizantes del gobierno para someter a la Asamblea Legislativa, y de ahí surgieron los hechos lamentables como la militarización del Salón Azul. Sin embargo, el amplio rechazo a lo sucedido el desafortunado 9 de febrero de 2020 (9-F) nos deja dos lecciones alentadoras a quienes respetamos los principios republicanos: primero, que la gente está cansada de los políticos pero no del sistema republicano; segundo, que no queremos a los militares metidos en asuntos políticos. Esto no se puede repetir.

Hay principios de la república de El Salvador que no son negociables: separación e independencia de poderes, sistema de gobierno presidencial, alternabilidad en el ejercicio de la presidencia, libertad de expresión de todos los ciudadanos, control interorgánico y la existencia de una Sala de lo Constitucional capaz de controlar la constitucionalidad de todas las actuaciones del poder político. Esto todavía existe, a pesar de que no es perfecto y no se ha desarrollado como quisiéramos, pero está presente en el diseño institucional. Llegar a este punto le ha costado una guerra civil y más de ochenta mil muertos a un país, por lo que hay que valorar los avances democráticos existentes y tratar de corregir errores, sin sacrificar a la república por las faltas de unos pocos.

Una cosa es que queramos sacar de la Asamblea Legislativa a quienes se han servido con la cuchara más grande y han dejado a un lado los intereses de la población; la mayoría coincidimos en que debe darse ese relevo generacional y de ideas en el ámbito político salvadoreño. Pero otra muy distinta es querer dinamitar la institucionalidad que lentamente se ha ido construyendo en las últimas décadas, alegando que el cambio de los diputados debe ser inmediato y por la vía de la insurrección. Bien o mal, los diputados fueron elegidos por el voto popular. Queremos un cambio pero no a cualquier precio.

No nos dejemos engañar con falsos dilemas de si estamos del lado del pueblo o de “los mismos de siempre”. Condenar el uso indebido de la Fuerza Armada y de la Policía Nacional Civil para intentar forzar a la Asamblea Legislativa a que tome decisiones en determinado sentido no es excluyente de condenar todas las cuestiones indebidas que han realizado algunos diputados durante varias décadas. No estamos ni de un lado ni del otro, todos somos parte de la misma sociedad que quiere vivir en paz.

Sigamos exigiendo que se cumplan los planes de seguridad liderados por el gobierno, pero también sigamos exigiendo que se respeten los principios de la República y el Estado de Derecho. Hay que recordarle al presidente Bukele que sigue liderando una república, que es imperfecta, pero que cuenta con una Constitución, leyes y reglas preexistentes al 1 de junio de 2019, que juró cumplirlas y hacerlas cumplir. El apoyo popular a su gestión es evidente, pero no incondicional ni ilimitado. El límite para él y para el pueblo es la Constitución.

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