El hediondo centro de la cebolla

.

Por Carlos Ponce
Criminólogo

Feb 26, 2020- 18:15

El 9F se ha convertido en el dolor de cabeza más grande del gobierno de El Salvador. La resaca de haber ordenado a policías y soldados tomarse la Asamblea Legislativa y amedrentar a los diputados parece no debilitarse.
La condena internacional ha sido unánime, continúa y progresivamente más directa. La imagen internacional que Nayib Bukele había fabricado se cayó de un día para otro. El lenguaje cada vez más claro usado por importantes figuras políticas de países de gran importancia para El Salvador, se ha encargado de poner en perspectiva la actuación de Bukele. Una carta firmada por varios congresistas estadounidenses, por ejemplo, calificó el incidente como un “acto de intimidación política” y una reciente delegación de diputados de la Unión Europea pidió a Bukele “respetar y no dirigir discursos (de odio)” en contra de adversarios políticos.

El desacierto del Gobierno, en mi opinión, no tiene lado bueno. No hay punto de vista desde donde resulte justificable o vendible, a menos que se recurra a medias verdades, mentiras o, en el mejor de los casos, a imprecisiones. Sin embargo, la consigna del Ejecutivo parece ser continuar con la versión oficial hasta el fin, aunque ésta sea poco creíble. Esta decisión ha tenido un alto costo. Las redes sociales sugieren que el apoyo del que antes gozaba el presidente se ha dividido.

Muchas personas íntegras, serias y bien intencionadas que creyeron en el discurso en contra de “los mismos de siempre” y vieron una oportunidad para lograr hacer una diferencia, según los mensajes que han posteado en sus cuentas, no están dispuestos a defender el uso político de policías y soldados. Para ellos, no es una opción abandonar sus principios y objetividad. El fin, para estas personas, no justifica los medios.

La venta de la versión oficial, por lo tanto, ha quedado principalmente en manos de funcionarios de gobierno, políticos desgastados y la permanente estrategia de “astroturfing” coordinada por el Ejecutivo. La participación activa de estas figuras profundiza el impacto negativo de la situación. Muchos han expresado claramente que su vocería le está haciendo más daño que bien al gobierno, ya que lo que está acercando cada vez más a los “mismos de siempre” de quienes tanto se ha querido distanciar.

Aunque no se comparta, es importante reconocer la decisión de quienes retiraron su apoyo y confianza al gobierno después del 9F. Mantenerse fieles a principios y no estar dispuestos a sacrificar su integridad, aún a costa de críticas y ataques, es admirable. Así como hubiese sido admirable que el Ejecutivo reconociera el error y tomara pasos para enmendarlo.

El 9F desencadenó un proceso de depuración entre quienes abiertamente declararon su apoyo y confianza al presidente y sus funcionarios, que se asemeja mucho a cuando se pela una cebolla. Las personas creíbles, integras y respetadas que creyeron en el proyecto de Bukele son el equivalente a las capas externas de la cebolla. Así como esta parte de la cebolla es la que le da el atractivo que lleva a que sea escogida y comprada en el supermercado, las personas con buena reputación que apoyaban el proyecto del gobierno lo hacían interesante y comprable para los demás. Atraían y mantenían el apoyo de muchos.

Los personajes que se han quedado vendiendo la versión del 9F del Ejecutivo son como las capas internas de la cebolla. Estas no le dan su atractivo y cuanto más a la vista están, más repelen a la gente.
El gobierno, lamentablemente, no ha reaccionado. Continuar en esta dirección sin duda no será beneficioso para el país.

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad