Estamos a tiempo que el 9F no vuelva a suceder

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Feb 27, 2020- 18:24

Hace algunos años hubiéramos podido asegurar que la democracia salvadoreña, si bien carecía de calidad, al menos era el único escenario de juego que se vislumbraba posible. La realidad política que habíamos vivido desde la firma del Acuerdo de Paz, nos daba la capacidad de tener alguna estabilidad frente a otras naciones latinoamericanas, pero lamentablemente después de los acontecimientos del 9F la misma ha quedado frágil y está en riesgo.

Algunas encuestas de opinión, tales como IUDOP y LAPOP, advierten que existe en una parte del imaginario nacional, la idea que un hombre fuerte puede venir a resolver los problemas nacionales. Esto, aunado al descrédito de los partidos políticos, así como el debilitamiento de la misma Asamblea Legislativa, está teniendo un efecto erosivo en el tejido de la democracia.

DTJ ha señalado en repetidas oportunidades que la Asamblea Legislativa no ha hecho uso de procesos de selección basados en mérito y que más bien ha habido un crecimiento exponencial, pues sus integrantes pasaron de ser 864 a más de 2,500 en 10 años. La paradoja es que debemos trabajar por fortalecerla, depurarla y profesionalizarla. No por la Asamblea Legislativa que es, sino por el deber ser para que una República funcione adecuadamente.

Habiendo dicho lo anterior, el Presidente de la República no puede justificar sus actos de irrumpir en la Asamblea Legislativa como lo hizo en el 9F y obligar a un órgano del Estado para que decida en el tiempo y forma que a él le plazca.

Lo ordinario, como es la discusión de un préstamo para planes de seguridad presentado hace algunos meses, se volvió un tema extraordinario dado el llamamiento injustificado a la insurrección, la utilización indebida de la Fuerza Armada y la usurpación de atribuciones legislativas por parte del Presidente.

Lo anterior, ha generado un quebranto sin precedentes de la institucionalidad. Después de esa fecha, el país ha intentado llevar un nivel de normalidad, como un mecanismo de sobrevivencia de la institucionalidad, pero hay un ambiente muy tenso debido a las imágenes imborrables que ese día se impregnaron en la vida de esta joven democracia, pero además por el incesante lenguaje incendiario desde la Presidencia hacia la clase política.

Nuestra Fundación fue una de las primeras organizaciones en salir en la defensa de la institucionalidad y la separación de poderes, tras el atentado fraguado en ese nefasto día. Expresamos nuestra profunda preocupación por la evidente violación a la Constitución y la vulneración flagrante del Estado de derecho. Si bien es cierto la Sala de lo Constitucional ha admitido una demanda de inconstitucionalidad, estamos a la espera de una contención del Poder Ejecutivo para que retomemos el rumbo. Lo que la Sala resuelva tiene el potencial de convertirse en efecto estabilizador, sobre todo en el uso de la Fuerza Armada para fines políticos distintos de los concebidos en nuestra Carta Magna.

Existe un espacio para que las instituciones de control, incluyendo a la Fiscalía General de la República, investiguen lo sucedido y así nos aseguremos que no quede en la impunidad y eviten la repetición de un quebranto constitucional.

Por otra parte, se debe reconocer que el camino democrático no es la imposición sino del ejercicio del arte de la negociación y el diálogo para la búsqueda de soluciones a los problemas más apremiantes de la población, además dentro del respeto a los procesos legales. Recordemos que existen tres Órganos del Estado, como son el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y que cada uno tiene sus atribuciones por orden constitucional, es un momento de definición entre el imperio de la ley o el momento de los liderazgos autoritarios.

 

Presidenta Fundación Democracia Transparencia Justicia, DTJ

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