Odio, el destructor de consciencias y futuros

Sobre las ruinas, los populistas construyen sus imperios de hambre y muerte; pero siguen atizando el odio, ya que es el único combustible que los conserva en el poder.

Oct 17, 2020- 15:01

Consciencia “es la capacidad del individuo de identificar, diferenciar e integrar en tiempo y espacio, los elementos de su realidad en un sistema interactivo e interdependiente del que forma parte. Se construye por medio de la razón, y se alinea con miras al futuro”.
La civilización actual se fundamenta en el futuro. Los créditos se dan porque se considera que, en un futuro, se recuperará el dinero; se abre un negocio porque se cree que en un futuro dará utilidades; se tienen hijos porque se cree en el futuro, etc. La confianza en el futuro es lo que sostiene la economía y al mundo actual.
Por razones biológicas, evolutivas y antropológicas, que no viene al caso explicar en esta reflexión, el ser humano desarrolló una reacción bioquímica, dentro de su sistema nervioso, que condiciona su conducta; esta es fácil de activar y difícil de desactivar. Se llama odio.
El odio es, por antonomasia, destructivo, y es provocado por un profundo conflicto interno. Quien odia, busca “Destruir algo o alguien a quien considera superior”. No se puede odiar a quien se considera inferior o igual. En otras palabras, “el nivel de odio, es directamente proporcional a lo superior o poderoso, que se perciba el/lo odiado”. Normalmente es producto de envidia extrema, inseguridad extrema o miedo extremo, o todos al mismo tiempo.
Esta reacción visceral inhabilita la razón; la conducta de quien odia, pasa de ser consciente, a reactiva, o sea, animal, ya que es manejado por un cerebro primitivo, el reptil. Se activa fácilmente, porque se relaciona con la genética ancestral de la supervivencia. Y por la misma razón, es difícil desactivarla.
Los propensos a odiar tienen baja autoestima y tendencia a culpar a otros de sus fracasos y problemas. Si bien es cierto, la ignorancia puede ser terreno fértil para el odio, no es tan determinante como la mediocridad.
Lo opuesto del odio no es el amor, sino lástima. Lo opuesto del amor no es el odio, sino la total indiferencia.
El punto es que, desde siempre, el odio generalizado y masivo es la estrategia de acceso al poder, dominación y control de masas, preferida por populistas con intenciones absolutistas. Basta recordar esta frase del Che: “Un revolucionario debe ser una fría máquina de matar, motivado por odio puro”. Y es perfectamente comprensible, por su efectividad. En Venezuela hay ciudadanos que, arruinados por el chavismo, mientras hurgan basureros buscando comida para ellos y sus hijos, gritan: “¡Muerte a la oligarquía y los yanquis, viva Chávez!”.
Cuando una persona odia, no solo desconecta su razón, también sufre convulsiones endocrinas que descontrolan su organismo y provocan enfermedades psicosomáticas como diabetes, colitis, cáncer, gastritis, etc. Sus relaciones personales, de trabajo, familiares y de amigos, se deterioran tanto como su salud y baja a niveles de lástima. Con esto, toca los dos extremos. El odio los lleva a dar lástima.
Cuando una sociedad cae en la trampa del odio pasa algo similar, pierde perspectiva de futuro y se enfrasca en conflictos internos sin sentido ni fin. Se estanca y deteriora su economía, educación, salud e institucionalidad; esto ahuyenta inversión y el país queda desolado. Empieza a dar lástima. Sobre las ruinas, los populistas construyen sus imperios de hambre y muerte; pero siguen atizando el odio, ya que es el único combustible que los conserva en el poder.
El odio social y generalizado tiene consecuencias devastadoras, y todo aquel que no viva del gobierno, tarde o temprano, en una medida u otra, pagará las consecuencias.
Se vuelve imperativo entonces, desactivar el odio social que inocula el gobierno, pero no con mensajes huecos y retóricos, sino en un acto de amor al futuro de nuestros descendientes, construir la estructura cívico/política, que promueva la Unidad Patriota. Debemos demostrarnos con hechos concretos, que se pueden tener diferencias, pero también la convicción que todos cabemos y tenemos un lugar dentro de El Salvador; porque esta es nuestra Patria, es nuestra Democracia y es la República que nos legaron 80,000 compatriotas caídos. Son nuestras, y estamos llamados a salir a defenderlas, de la única forma que se puede: con amor, consciencia y futuro.

Psicólogo, candidato a diputado por el PDC.

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