Empatía viral

Debemos ver más allá, en el más profundo recogimiento entender que “aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque Tú estás conmigo con tu vara y tu bastón, y al verlas voy sin miedo”

Por Ricardo Lara
Médico

Mar 26, 2020- 14:36

Recién escuchaba una reflexión a cargo de un sacerdote. Él se cuestionaba por los cientos de miles de personas que mueren en África por la desnutrición, por la malaria y tantos males que azotan a la humanidad y que preferimos voltear la cara hacia otro lado y hacer de caso que esas muertes no sucedieron, que no importan, que eso ocurre todos los años, que no es novedad. Ahora, ante el reporte del primer caso de #Coronavirus confirmado en El Salvador queda expuesta al miedo una sociedad entera, todos sucumben, todos tiemblan.
En apariencia somos una sociedad que llenamos templos e iglesias, oraciones se elevan hacia lo alto pero ¡puede más el miedo! ¿Dónde está nuestra fe? Se entiende que somos humanos y la muerte nos aterra pero hasta en eso somos egoístas, solo nos preocupa ¡nuestra muerte! En el país fallecen día a día personas a causa de la violencia social, cáncer, dengue y tantas enfermedades que vinieron para quedarse y parece que se nos olvida.
Debemos ver más allá, en el más profundo recogimiento entender que “aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal, porque Tú estás conmigo con tu vara y tu bastón, y al verlas voy sin miedo” (Salmo 23). Debemos entender que no estamos solos, Dios está con nosotros y debemos convertir ese miedo en fe, ¡no hay más! Debemos practicar la solidaridad a su máximo nivel y dejar ese egoísmo que nos hace tanto daño y volcarnos hacia el otro; lamentablemente a los seres humanos se nos olvidó vivir, amar, compartir y poco a poco se perdió la memoria que se tiene un vecino, que hay padres, que hay otro mundo, que hay libros, que el táctil puede entrar en cuarentena, que hay parques, cálidas sobre mesas, mascotas que se alegran de tenernos en casa y tantos motivos para dar gracias a Dios.
De las cosas más bonitas que he escuchado en un mundo lleno de confusión dejo este texto de Edna Rueda Abrahams para que ilumine nuestras vidas: “Y así un día se llenó el mundo con la nefasta promesa de una apocalipsis viral, y de pronto las fronteras que se defendieron con guerras se quebraron con gotitas de saliva. Hubo equidad en el contagio que se repartía igual para ricos y pobres; las potencias que se sentían infalibles vieron cómo se puede caer ante un beso, ante un abrazo. Y nos dimos cuenta de lo que era y no importante y entonces una enfermera se volvió más indispensable que un futbolista, y un hospital se hizo más urgente que un misil. Se apagaron luces en estadios, se detuvieron los conciertos, los rodajes de películas, las misas y los encuentros masivos. Y entonces en el mundo hubo tiempo para la reflexión, a solas; y para esperar en casa que lleguen todos y para reunirse frente a fogatas, mesas, mecedoras, hamacas; y contar cuentos que estuvieron a punto de olvidarse. Tres gotitas de mocos en el aire nos han puesto a cuidar ancianos, a valorar la ciencia por encima de la economía; nos ha dicho que no solo los indigentes traen pestes, que nuestra pirámide de valores estaba invertida.
“Que la vida siempre fue primera y que las otras cosas eran accesorios. No hay un lugar seguro, en la mente de todos nos caben todos y empezamos a desearle el bien al vecino; necesitamos que se mantenga seguro, necesitamos que no se enferme, que viva mucho, que sea feliz. Y junto a una paranoia hervida en desinfectante nos damos cuenta de que si yo tengo agua y el de más allá no, mi vida está en riesgo; volvimos a ser la aldea, la solidaridad se tiñe de miedo, y a riesgo de perdernos en el aislamiento, existe una sola alternativa: ser mejores juntos; si todo sale bien, todo cambiará para siempre, las miradas serán nuestro saludo y reservaremos el beso solo para quien ya tenga nuestro corazón. Cuando todos los mapas se tiñan de rojo con la presencia del que corona, las fronteras no serán necesarias y el tránsito de quienes vienen a dar esperanzas será bien recibido bajo cualquier idioma y debajo de cualquier color de piel. Dejará de importar si no entendía tu forma de vida, si tu fe no era la mía. Bastará que te anime a extender tu mano cuando nadie más lo quiera hacer; puede ser, solo es una posibilidad que este virus nos haga más humanos y de un diluvio atroz surja un pacto nuevo con una rama de olivo desde donde empezará de cero”.

Médico.

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