¿Cuánto cuesta una vida?

Sólo pedimos la debida protección y el equipamiento adecuado en el primer nivel de atención a fin de no diseminar más la infección, no ser el punto central de la contaminación. Que no se le dé más importancia al papeleo, a la burocracia pretextando futuras auditorías para brindar todo aquello que garantice nuestra vida como la de los otros.

Por María Milena de Guerra
Médico salubrista

Mar 23, 2020- 17:52

¿Cuánto cuesta la vida de un salvadoreño? ¿De un campesino? ¿De un vendedor del mercado? ¿De un diputado, de un policía, de un auxiliar de limpieza… de un médico o de una enfermera? ¿Cuánto cuesta? ¿O la del mismo ciudadano presidente?
En estos tiempos de pandemia el costo debería medirse por lo que podemos hacer para proteger al individuo, a la colectividad y dar verdaderas herramientas que protejan a los que hacen ese trabajo.
Han sido encomiables las medidas que se han tomado desde el inicio por el Sr. Presidente. Si bien es cierto el “qué hacer” se tiene claro, el “cómo hacerlo” no ha sido bien definido, al menos en los centros de atención primaria del ISSS, ya que se ha dejado a discreción local la manera en que se ejecuta. Algunos centros cuentan con insumos y protección, mientras que otros están sumamente limitados, al borde del desabastecimiento, no hay monitoreo ni evaluación de cómo se hacen las cosas, en tanto algunos jefes se han encerrado delegando sus responsabilidades por temor al contagio; otras, las menos, están gestionando, informando, pero necesitamos que todos brinden las herramientas necesarias, que la autoridades locales tengan el aprecio que por años no le han tenido a su personal, estimulando, animando su quehacer diario, pero no sólo con palabras, sino proveyendo todo lo necesario, vigilando que cumplan las mínimas medidas de seguridad no sólo para los que están dentro sino para aquellos que obligadamente deben acudir para abastecerse de sus medicamentos, situación que es preocupante en las farmacias generales.
Sólo de esta manera le darán el verdadero valor a una vida tal cual la valoramos los que la conocemos desde la concepción hasta la muerte. Si bien es cierto es un estímulo, pero la vida no cuesta $150 dólares, ni los subsidios. Estamos viendo señales que están minando las arcas del ISSS: si en estos momentos estamos con la austeridad acostumbrada, donde siempre hemos escuchado “tenemos que cuidar lo que tenemos porque no hay”, imagínese, estimado lector, la preocupación adicional que se genera en el personal que cuida su vida, ya no sólo nos preocupa la nuestra, y la de nuestra familia, sino la del usuario, el paciente que debo atender posterior a ver a un probable infectado.
Sólo pedimos la debida protección y el equipamiento adecuado en el primer nivel de atención a fin de no diseminar más la infección, no ser el punto central de la contaminación. Que no se le dé más importancia al papeleo, a la burocracia pretextando futuras auditorías para brindar todo aquello que garantice nuestra vida como la de los otros. Otro punto relevante: a los que hacen las compras, las diligencias administrativas, almacenes y demás gestiones, este tiempo que se ha dado es para que agilicen esta provisión, no se atengan, nuestras vidas dependen de su pronta oportunidad.
Finalmente, Sr. Presidente, asegúrese de que sus mandos medios hacen lo que usted explícitamente ha indicado y no tenga miedo, los médicos de mi generación somos de la vieja escuela y sabemos cuánto cuesta una vida, seguiremos cuidando cada vida y no nos iremos, no los dejaremos solos, pero por favor proteja la nuestra para poder hacer nuestro mejor esfuerzo y riesgo.

Médico salubrista, Universidad Autónoma de Madrid.

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