La guerra de las vacunas

Razón tienen los que acuñan la frase “La mejor vacuna es la que se pone en el brazo”. Debemos evitar crear un temor lesivo alrededor de las oportunidades que hoy por hoy tenemos. Todo lo contrario, debemos apreciarlas y agradecer que están siendo provistas. Apoyemos los esfuerzos que el sector salud sigue haciendo por salvar vidas pues, siendo optimista, parece que para esta Navidad nos daremos el lujo de abrazar a todos aquellos que queremos y estimamos.

Por Víctor Segura
Doctor Víctor Segura

Abr 05, 2021- 21:34

Se levantó de la cena y quitándose el manto se ciñó la toalla, para luego lavar los pies de cada uno de sus discípulos, incluso los de aquel que le entregaría esa noche…
¿Podrían ustedes imaginar qué pasaría si esta pandemia fuera producto de un virus, como el SARS-CoV-2, pero con la letalidad del virus del Ébola? En ese caso, probablemente podría morir la mitad de la población mundial ¿Y qué tal si existiera una vacuna que lograra frenarlo? ¿Aun así estaríamos vivos? Lastimosamente, supongo que los que poblamos este adorado terruño estaríamos igual que nuestros extintos ancestros.
Un británico de 82 años fue la primera persona en el mundo en recibir la vacuna de AstraZeneca-Oxford (AZO) contra el COVID-19, la primera semana del 2021.
Varios meses antes, en agosto del 2020, la Unión Europea (UE) había firmado un contrato para adquirir 300 millones de dosis (con la opción de 100 millones más) para cuando la AZO estuviera disponible. Para ello, la UE destinó 336 millones de euros (algo así como lo que pagan por uno o dos futbolistas de la liga europea de campeones) para asegurar la compra preferente de las primeras dosis.
Durante el primer trimestre del 2021, la empresa AstraZeneca (AZ) ha sostenido una fuerte confrontación con la UE por incumplimiento de contrato, debido a que solo ha logrado cumplir con el 40% de las dosis prometidas y ha tenido que esquivar los fuertes señalamientos de la desigual dotación del producto a favor del Reino Unido, quien al momento ha inmunizado a cerca del 45% de su población, contra el tan solo 10 al 11% de sus vecinos España, Italia, Alemania y Francia. Aunque esto irrite a los europeos, no es ni cerca de la situación de los países latinoamericanos, donde el 90% tienen inmunizados a menos del 7% de su población, con las marcadas excepciones de Chile y Uruguay, que merecerían un análisis aparte.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha intentado luchar por la iniciativa del “Fondo de acceso global para vacunas COVID-19 (COVAX)”, el cual pretende volver accesible, lograr una distribución más equitativa y evitar el acaparamiento de un producto tan vital para el mundo. Sin embargo, esta lucha parece ser infructuosa. En febrero de este año, México advirtió a la ONU sobre el acaparamiento, de las vacunas contra el SARS-CoV-2, por parte de los países más ricos. Las 10 naciones, que suman el 60% del PIB global, han aplicado tres cuartas partes de las primeras dosis de vacunas disponibles hasta el momento. Los Estados Unidos han aplicado la inmunización a cerca del 29% de su población, contra El Salvador, donde solo el 1% de nacionales ha obtenido tal beneficio. Es obvio que no solo es una carrera para salvar vidas; es también una guerra para salvar las economías, una simple premisa, como las escritas en las tablas de las leyes inmutables del Marketing. Se estima que, debido a la pandemia, mensualmente la economía mundial pierde cerca de $375,000 millones cada mes. Mientras unos juegan a la economía, otros podrán estar interesados en la geopolítica. ¿Será este el caso de vacunas más accesibles? ¿Habrá tanta bondad detrás de toda esa ayuda? Incluso otros han jugado a la experimentación, facilitando la adquisición de las vacunas, gracias a prestar su población para formar parte de la fase III de los estudios de preaprobación. Lastimosamente no estamos para colocarnos en una posición tan esquiva y suspicaz, sino para salvar las vidas de los inocentes.
Luego de razonar este contexto, ¿estamos como para quejarnos sobre las vacunas que tenemos? Para el caso de la inmunización , lo ideal es que la enfermedad no ocurra, pero, por otro lado, puede obtenerse el beneficio de atenuar la enfermedad, de tal forma que los efectos más letales de la misma no se presenten. Además, se ha observado que vacunas como la AZO reducen la cantidad de portadores asintomáticos transmisores, lo cual es muy importante.
El mundo es así y no lo vamos a cambiar. Razón tienen los que acuñan la frase “La mejor vacuna es la que se pone en el brazo”. Debemos evitar crear un temor lesivo alrededor de las oportunidades que hoy por hoy tenemos. Todo lo contrario, debemos apreciarlas y agradecer que están siendo provistas. Apoyemos los esfuerzos que el sector salud sigue haciendo por salvar vidas pues, siendo optimista, parece que para esta Navidad nos daremos el lujo de abrazar a todos aquellos que queremos y estimamos.
…La actitud del Maestro generó discusión. Inicialmente no lograron entender aquel acto de humildad, servicio e igualdad. Qué lástima que Él no distribuya las vacunas, pero qué lindo que este país lleve Su nombre…

Médico Intensivista

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