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La danza de los millones…

Los fondos llegan con “agendas” y con “modas”, se adaptan fácilmente a las particularidades ineficaces y corruptas de los gobiernos; cuentan con sofisticados mecanismos de control y transparencia, pero al final las escuelas y los hospitales siguen igual

Por Óscar Picardo Joao

La lista de préstamos, donativos, cooperación bilateral y multilateral, bonos, becas, fideicomisos sería inmensa…; desde inicio de los noventa hasta la fecha, cada año los países de Centroamérica reciben cientos o miles de millones de dólares que provienen de Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), USAID, Cuenta del Milenio, KOICA, KfW, AECID, GIZ, JICA, Unión Europea, PNUD, FAO, más todos los cooperantes residenciados (Visión Mundial, CARE, Plan Internacional, Catholic Relief Service, Seraphin Foundation, Oxfam, Save the Children, etcétera).

Pese a estas inversiones millonarias las escuelas y los hospitales no mejoran, la mayor evidencia es la respuesta a ésta pregunta: ¿Qué presidentes o ministros, por ejemplo, en El Salvador, han matriculado a sus hijos en escuelas públicas o institutos nacionales o piden cita en el Hospital Rosales?

De cada empréstito, aproximadamente un 30% se gasta en burocracia administrativa (alquileres, vehículos, oficinas, etc.), otro 30% en consultorías y estudios para conocer qué y cómo se va a ser, y del restante 40% que debe llegar a los beneficiarios, llega tarde, llega mal o no llega por la corrupción. Este es la historia real del “subdesarrollo”.

En no pocos casos, dependiendo del origen de los fondos, se tienen que hacer compras forzadas para cumplir con ciertos requisitos y buscar proveedores que a veces no existen. Pese a las notas técnicas, PAD, PID, HEA, Términos de Referencia, se hacen más y más estudios, luego líneas de base, evaluaciones de medio término y evaluaciones de impacto; y si el proyecto no tiene impacto, se hace otra evaluación hasta encontrar un impacto, el que sea, el mínimo para demostrar que el proyecto valió la pena o fue exitoso, aunque no haya sido así.

Los fondos llegan con “agendas” y con “modas”, se adaptan fácilmente a las particularidades ineficaces y corruptas de los gobiernos; cuentan con sofisticados mecanismos de control y transparencia, pero al final las escuelas y los hospitales siguen igual…; a veces resuelven un problema y dejan otros sin resolver, no hay una visión holística; otras veces, se pierde la continuidad, ya que no hay visión de largo plazo ni políticas de Estado; todo cambia cada cinco años y se vuelve a comenzar.

Se gasta mucho y se gasta mal, un ejemplo concreto, la cantidad de “ocurrencias” municipales con la pandemia del COVID19, es para escribir una novela. Hay dinero, pero no existe la asistencia técnica adecuada, entonces se malgastan recursos valiosos que provienen de impuestos y préstamos.

Podría presentar muchos ejemplos, bastantes, sobre todo en el campo educativo. Sólo notemos que, en 28 años, desde los Acuerdos de Paz a la fecha, apenas hemos avanzado 1.7 grados de escolaridad y la PAES está idéntica a 1997; y los principales problemas de calidad y cobertura están casi intactos. Los avances reales son casi por “selección natural”…

¿Cuántos proyectos, préstamos y donativos hemos tenido para tecnologías educativas desde los 90 a la fecha? Desde los Centros de Recursos para el Aprendizaje (CRA, 1999), pasando por “Conéctate” o “Grado Digital” (2004) hasta el proyecto “Una computadora un niño una niña” (2009-2019) o a las “16 laptops” entregadas por este gobierno en el primer año de gestión… ¿Cuál es el resultado?: A la fecha, según el informe del “Observatorio MINED 2018” sólo 1,521 centros escolares tienen conexión a internet, es decir el 34.53% (de 5,179 instituciones censadas); además, debemos recordar que sólo la mitad de la población tiene internet (dataportal.com). En efecto, en el marco de esta pandemia de COVID19, sólo 3 de cada 10 estudiantes podrán acceder a educación on line; el resto no tiene equipo, no tiene buen ancho de banda y posiblemente menos de la mitad de los docentes estén alfabetizados tecnológicamente hablando. Es el fin de la educación pública y gratuita, ahora habrá que pagar internet –no menos de US$50 mensuales- y comprar una laptop medianamente aceptable –US$ 500-, US$ 1,000 anuales.

Millones van y vienen; informes, reportes técnicos; documentos de buenas prácticas; reconocimientos internacionales; pero en el fondo las cosas no cambian o avanzamos muy lento…

 

Investigador Educativo.

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Cooperación Al Desarrollo Educación Opinión

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