Columna Transversal: Kafka, Milena y Margarita

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Por Paolo Luers
Periodista

Ago 25, 2019- 05:35

“Fue tímido, miedoso, suave y bueno, pero los libros que escribió fueron crueles y dolorosos. El mundo que vio estuvo lleno de demonios invisibles, que combaten y aniquilan al hombre desprotegido. Fue demasiado clarividente, demasiado sabio para poder vivir, y demasiado débil para pelear: pero aquella fue la debilidad de los hombres nobles, bellos quienes no tienen la fuerza para la lucha contra el miedo, contra los malentendidos, contra la ausencia de amor y contra lo mentalmente falso, y quienes de antemano saben de su impotencia, se someten y así avergüenzan al vencedor.”

Milena Jesenská, en su obituario para Franz Kafka (6 de junio 1924)

Supe de Milena Jesenská solamente de las famosas ‘Cartas a Milena’ de Franz Kafka, y que fue su traductora al checo. Las leí como adolescente y me enamoré de ella, simplemente compartiendo la pasión de Kafka. Pero como sólo se publicaron las cartas de él a ella (las de ella se perdieron), esta mujer quedó como un ser misterioso, sin vida propia fuera de las cartas de Kafka.

Pero unos años después, en los años setenta, ya estudiando literatura en Berlín, Milena cobró vida propia a través de otro libro: “Milena”, de Margarete Buber-Neumann.

Resulta que Milena, la judía, periodista, escritora y traductora checa, termina en 1940 en el campo de concentración Ravensbrück al norte de Berlín. Allí se encuentra con una judía alemana, Margarete Buber-Neumann. Pasan 4 años juntas, hablando, contándose sus vidas, discutiendo política y literatura, hasta que Milena muere en mayo de 1944. Margarete sobrevive y cumple su compromiso con Milena de escribir el libro que, al sobrevivir el campo de concentración, querían escribir juntas. Según Margarete, una de las últimas palabras de su amiga fue: “No me olvides, dile a los demás quién fui”.

El libro que resultó de esta historia da vida a dos mujeres extraordinarias, pero muy distintas: la bohemiana checa, rápida para expresar emociones, que abandonó el comunismo porque no era compatible con su sentido de libertad – y la alemana intelectual, analítica, de formación marxista, buscando entender el fracaso del comunismo…

El libro que las dos mujeres querían escribir juntas se iba a llamar: “La época de los campos de concentración.” Resulta que Margarete, comunista alemana casada con otro comunista alemán y funcionario de la Komintern de Stalin, antes de terminar en un campo de concentración de los nazis, ya había pasado 18 meses en una campo de concentración ruso, víctima de las “purgas” de Stalin. Qué ironía, es condenada por ser “cónyuge de un traidor”. Su esposo Heinz Neumann fue fusilado en 1938 en Moscú.

En 1940, Margarita fue “beneficiada” por un intercambio de prisioneros acordado por Stalin y Hitler, en este momento aliados. Pongo los beneficios entre comillas, porque el intercambio no le dio ni un solo día de libertad. Los rusos la entregaron a los nazis, quienes inmediatamente la internaron en su propio campo de concentración. Por suerte de Margarita, en el de Ravensbrück, donde conoció a Milena cuya amistad la hizo sobrevivir. De paso sea dicho, a los comunistas que los nazis liberaron para entregárselos a los rusos, la mayoría también terminó en campos de concentración de Stalin en Siberia.

Una vez libre, Margarete escribió no solo el libro sobre Milena, sino también el que juntas diseñaron en sus largas pláticas en Ravensbrück, sobre “Los tiempos de los campos de concentración”. Resultó otro libro indispensable: “Prisionera de Stalin y Hitler”. (Lamentablemente, cuesta conseguir la versión en español. La versión en inglés, “Under two dictators”, es más accesible.)

En las pláticas en el campo de concentración nazi entre estas dos mujeres extraordinarias, la persona de Franz Kafka siempre está presente. Por esto, en el libro que Margarita Buber-Neumann dedica a Milena, un capítulo es sobre este gigante de la literatura alemana del siglo de los campos de concentración. También el libro incluye el obituario que Milena Jesenská publicó en 1924, cuando casi nadie sabía quién era el tal Kafka. Y este obituario, del cual cité al inicio de esta columna, es en sí un exquisita obra literaria. “Fue demasiado clarividente, demasiado sabio para poder vivir, y demasiado débil para pelear…” – ¡qué frase!

Periodista.

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