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La punta del iceberg

Como sea, la crispación social ha escaldo hasta niveles inimaginables, también por la cercanía de la ratificación de Xi Jinping al frente de la nación por cinco años más, que realizará el Congreso el próximo marzo.

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero @carlosmayorare

Las consecuencias económicas y sociales de la férrea política de combate contra el coronavirus en China, han hecho que esas medidas sanitarias se hayan convertido en la excusa perfecta para que la gente común y corriente se enfrente con el gobierno, al menos por medio de protestas callejeras. Llegando, incluso, a algo impensado en la centralizada y gigantesca nación: que se pida a voz en grito, literalmente, la dimisión de Xi Jinping.

El pistoletazo de salida de las protestas ha sido el incendio en un edificio de apartamentos, hace dos semanas en la ciudad de Xinjiang, que acabó con la vida de diez personas. Noticia que fue protagonista tanto en los medios de comunicación, como de las redes sociales; principalmente porque “todo el mundo sabe” que esas muertes tienen mucho que ver con la política de “covid cero” y las medidas de confinamiento indefinido de las personas en sus casas.

A partir de allí, los últimos días han estado marcados por protestas en las principales ciudades, manifestaciones callejeras contra las medidas sanitarias que, según los analistas, son solo la punta del ingente iceberg del descontento popular.

¿Qué tan significativas son las protestas? Mucho. Pero no tanto por lo que las multitudes piden y manifiestan, sino por el hecho mismo de que en la monolítica administración política china se hayan producido grietas. Los más optimistas piensan que puede ser el principio del cambio, los más pesimistas dicen que pasarán como pasaron las protestas en la plaza de Tiananmén en 1989.

Las autoridades sanitarias han reaccionado relajando un poco las estrictísimas medidas aplicadas en toda China para contener la enfermedad, pero esa respuesta está lejos de apagar el descontento popular. Un malestar alimentado, paradójicamente, por la transmisión televisiva de los partidos de fútbol desde Catar, pues los chinos, a quienes se les ha vendido el cuento de que la enfermedad sigue estando activísima y que China está a la vanguardia de la prevención de muertes que en Occidente se han disparado, ven multitudes sin mascarilla gritando en estadios de fútbol, y poco a poco la narrativa del gobierno les es más inverosímil.

También las redes sociales han tenido su participación, y no poca, en la propagación del descontento. Así, por ejemplo, un video de una mujer llorando desesperada y gritando insultos desde el balcón de su apartamento a los trabajadores sanitarios que acaban de confinarla, se hizo viral en muy pocas horas.

Como sea, la crispación social ha escaldo hasta niveles inimaginables, también por la cercanía de la ratificación de Xi Jinping al frente de la nación por cinco años más, que realizará el Congreso el próximo marzo.

Los carteles en las manifestaciones son muy elocuentes, e ilustran gráficamente el sentimiento popular. Como la foto de una pancarta colgada de un paso a desnivel que ha circulado en las redes, y en la que se puede leer: “Di no a las pruebas [para detección de covid], sí a la comida. No al encierro, sí a la libertad. No a la mentira, sí a la dignidad. No a la revolución cultural, sí a la reforma. No al gran líder, sí al voto. No seas un esclavo, sé un ciudadano”; “Huelga, saquen al dictador”, decía otro… Las alarmas de la censura se dispararon, e inmediatamente fueron bloqueadas en redes sociales todas las búsquedas con palabras como “guerrero”, “hombre valiente”, “coraje”, etc.

Como sea, lo cierto es que más de trescientos millones de personas han sido afectadas por confinamientos y bloqueos debido a la política sanitaria de covid cero, y eso, definitivamente no puede dejar de causar rechazo, sobre todo cuando el escaparate de Occidente muestra que el virus no es tan mortal como lo pintan y que poco a poco se vuelve a la normalidad.

Todo denota que la gente está hastiada y cansada, y eso, como ya se sabe, es sumamente peligroso para la paz social.

Ingeniero/q¿@carlosmayorare

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China Opinión Protestas Sociales

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