El incendio de la Catedral de Nantes, ¿el signo de la deriva de la sociedad francesa?

Aunque la práctica religiosa y católica haya bajado desde muchos años, la emoción después del drama de Notre Dame de París y ahora de San Pedro y San Paulo de Nantes recuerda que el capital cristiano sigue vigente en la conciencia nacional.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Jul 24, 2020- 19:00

Quince meses después del pavoroso incendio que destruyo parcialmente la Catedral de París, el 15 de abril 2019, otro templo emblemático francés sufrió un incendio que arruinó parte del patrimonio cultural: la Catedral de Nantes ha sido pasto, el 18 de abril pasado, de las llamas de un incendio criminal, según la investigación judicial abierta después de los hechos.
Consternación, interrogaciones, preocupación en la comunidad católica, tantos sentimientos que aparecieron desde entonces. El drama alimenta un contexto global que no lo necesitaba: resurgimiento del virus de la COVID-19, temor de una crisis económica, los temas no hacen falta para que se vuelva tristemente histórico el verano en Francia.
La Catedral de San Pedro y San Pablo de Nantes es otro símbolo de la historia francesa de estos últimos siglos: el edificio empezó en ser construido el 14 de abril de 1434. Fue acabado en 1871. Atravesó los siglos, sobreviviendo a las turbulencias de la historia : durante la Revolución Francesa sirvió de establo antes de sufrir varias degradaciones en el siglo XIX. Logró mantenerse de pie durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de bombardeos que lo dejaron muy herida. Su reconstrucción sufrió un gran incendio accidental en 1972.
El de 2020 se llevó varias piezas del patrimonio cultural religioso francés, incluyendo gran órgano de la Catedral. Esa joya de la historia estaba compuesta de 5,500 tubos , 74 juegos establecidos sobre 4 teclados. Este aparato formaba parte simbólica de la historia de Nantes y de Francia. Construido en 1620 por el artesano de órganos Jacques Girardet, fue el testigo de todos los grandes eventos que participaron de la identidad francesa.
Durante la Revolución Francesa, a partir de 1789 hasta 1796, mientras los órganos estaban destruidos porque eran los símbolos del antiguo régimen monárquico de derecho divino, el de Nantes fue salvado después de que el organista de la época, Denis Jouert, tocó la Marsellesa para demostrar cuánto era necesario ese instrumento.
Resistió a los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial y el incendio de 1972 casi lo destruyó pero pudo ser salvado. Con el gran órgano, también ha sido destruida la obra “Santo Clair curando a los ciegos” del pintor Hipólito Flandrin, alumno de Ingres. Había sido realizado a partir de 1833y nunca salió de la Catedral. Santo Clair fue el primer obispo de Nantes y la obra era resultado del talento de un gran pintor religioso del siglo XIX. También las llamas se llevaron el techo de cristal y vidrieras representando Ana de Bretaña, figura histórica fundamental en esta parte de Francia, tanto como el Cristo Redentor
A diferencia de la Catedral de París, la estructura no ha sido impactada por las llamas y no se tomó una decisión de peligro sobre el edifico. Pero, sin duda, testimonios esenciales y seculares de Bretaña como de las raíces cristianas francesas, han desaparecido.
Este aspecto sobre la destrucción de piezas simbólicas e históricas revela la dimensión política del drama. Técnicamente, el Estado es el responsable de las 86 catedrales que existen en Francia. Después del incendio de Notre Dame de París, el “Plan seguridad de las catedrales” ha sido establecido para reforzar las medidas de seguridad. El dispositivo dispone de un fondo de 2 millones de euros. Se trata de ver el estado de los sistemas de seguridad, establecer un listado de las obras de arte y permitir que los cuerpos de socorro lleguen rápidamente. Estos medios no logran ocultar un malestar difundido en el país. El hecho de que una investigación judicial por un incendio considerado como “criminal” reforzó este sentimiento.
Las tensiones sociales alimentadas por una nueva forma de comunitarización de la sociedad, para no decir un sentimiento de fragmentación de la unidad nacional sobre la cual estaba basada la identidad republicana, alimenta este malestar difundido en el país. Por cierto, las redes sociales fueron los testigos de muchas teorías de “un complot” anticristiano. Se debe prestar una atención muy particular a esta sensación porque puede ser un acelerador de violencia. El contexto obliga a la vigilancia : la crisis sanitaria de la COVID 19 hace correr el peligro de una crisis económico y social. La crisis de las camisas amarillas en el invierno 2018 y la primavera de 2019, las huelgas del final de 2019, han banalizado una forma de protesta violenta contra el Estado y sus representantes. Este sentimiento difundido, de una república que retrocede en ciertos territorios, sobre todo urbanos, contiene un potencial destructor para la unidad republicana. Aunque la práctica religiosa y católica haya bajado desde muchos años, la emoción después del drama de Notre Dame de París y ahora de San Pedro y San Paulo de Nantes recuerda que el capital cristiano sigue vigente en la conciencia nacional.
El peor peligro de la República Francesa, erigida sobre el ideal de la construcción de una sola comunidad nacional, protectora en los derechos y deberes de cada ciudadano, es este sentimiento de atomización de la conciencia nacional. El incendio de Nantes recordó esta realidad. Una vez más.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr

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