Cambio climático y crisis alimentaria

Los países más susceptibles a los impactos esperados serán los de habitantes más pobres, en vías de desarrollo, en particular aquellos con predominio de pequeños agricultores. Estos productores, debido a la falta de información, capacidad de adaptación y acceso a la asistencia financiera y técnica, se verán afectados más por los resultados del cambio climático, aumentando su pobreza y vulnerabilidad a los riesgos relacionados con los resultados de estos cambios.

Por Ricardo Esmahan
Exministro de Economía

Sep 09, 2019- 18:55

El estudio “Evaluación de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida”, que recientemente realizaron varias organizaciones humanitarias internacionales, reveló los niveles de inseguridad alimentaria por el impacto que ha tenido la sequía prolongada sobre todo en los meses de julio y junio de 2018- 2019 en el país.

Según el estudio, la falta de lluvia dejó pérdidas de producción del 61% y 55% en los cultivos de maíz y frijol. Durante la época postrera, las pérdidas fueron del 44 % y 53% respectivamente. La disminución y pérdida completa de los granos ha dejado en crisis a muchas familias, ya que la agricultura es la única fuente de ingreso que tienen para subsistir. En algunos de los municipios, las familias han utilizado como estrategia el desplazamiento y migración para afrontar la situación de inseguridad alimentaria.

Esto demuestra cómo el cambio climático se convierte en otro factor causante de migración, además de la violencia estructural y de la búsqueda de oportunidades económicas que ya existen. La falta de lluvia perjudicó las necesidades prioritarias de los hogares como el alimento, los insumos agrícolas y el agua potable.

Los agricultores ya no pueden confiar en la tradición. El clima de nuestros antepasados se ha ido y nunca volverá; por ejemplo, con el cultivo de café se han visto aumentos de temperatura de 1 a 2 ºC.

Los cambios relacionados con el clima, sufridos por los productores agrícolas en los últimos años, constituyen los mayores efectos al interior de países afectos a la temporada de huracanes, como México, las islas del Caribe y Centroamérica, sometidos a masivas precipitaciones que derivan en inundaciones y deslizamientos de tierra que son preocupantes para los agricultores.

En otro extremo, con mayor ocurrencia y severidad, el efecto de El Niño que retrasa el comienzo de las lluvias, lo que causa precipitaciones inestables que afectan directamente la floración y, por tanto, el potencial de producción. También se observa una mayor actividad de huracanes en el Caribe, con efectos devastadores para la producción agrícola de las islas y la costa centroamericana.

Los países más susceptibles a los impactos esperados serán los de habitantes más pobres, en vías de desarrollo, en particular aquellos con predominio de pequeños agricultores. Estos productores, debido a la falta de información, capacidad de adaptación y acceso a la asistencia financiera y técnica, se verán afectados más por los resultados del cambio climático, aumentando su pobreza y vulnerabilidad a los riesgos relacionados con los resultados de estos cambios.

Se debe asistir a estos pequeños agricultores analizando los posibles escenarios de los efectos del cambio climático en sus casos específicos, e identificar las formas viables de adaptación, combinando las opciones externas e internas de asistencia y medidas de reducción de riesgo.

La adaptación no es fácil. Ayudar a los agricultores a implementar buenas prácticas agrícolas convencionales es difícil. Pero ahora con cambio climático no sabemos qué va a pasar en una localidad determinada, la predicción meteorológica climática futura es deficiente, debido a que no tenemos soluciones simples, el desfase temporal entre la adopción de adaptación y los efectos, puede llevar años. El problema es de costo-beneficio.

Para los productores, es posible que la mitigación no sea una idea tan llamativa comparada con las prácticas de adaptación, ya que estas últimas atraen a los agricultores por sus efectos directos y el hecho que resulta relativamente más sencillo integrarlas en los planes de corto plazo de las fincas.

En todo caso, las prácticas de adaptación pueden también brindar efectos de mitigación; por ejemplo, los sistemas agroforestales o agropecuarios con capacidades de captura de carbono, pueden ayudar a reducir la huella de carbono en la producción de alimentos.

Exministro de Economía

resmahan@hotmail.com

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