Good morning, London!

Durante 1317 días, el Reino Unido y la Unión Europea vivieron tensiones, entre pasos y retrocesos en un proceso que se concluyó simbólicamente, en la noche del 31 de enero al 1 de febrero de 2020.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Ene 31, 2020- 19:19

¡En fin ! Desde las 11 :00 p.m. (hora de Londres, medianoche en el Viejo Continente), el Reino Unido ya no forma parte de la Unión Europea . ¿Será verdad? Pues sí.
El Parlamento Europeo adoptó en enero pasado el tratado de salida concluyendo el proceso, al final de años de negociaciones, que ve el Reino Unido retomar el control exclusivamente nacional de su destino.
Durante 1317 días, el Reino Unido y la Unión Europea vivieron tensiones, entre pasos y retrocesos en un proceso que se concluyó simbólicamente, en la noche del 31 de enero al 1 de febrero de 2020. El proceso de salida ya está en vigor: el voto de la Cámara de Diputados en la cual el Primer Ministro, Boris Johnson, tiene la mayoría desde las elecciones del 12 de diciembre pasado, adopto definitivamente los términos del Brexit mientras el Parlamento Europeo votó también en favor del tratado de salida. Ahora bien, se arregló el piso 1 del cohete Brexit, pero queda pendiente el acuerdo sobre los términos de la relación futura entre la Unión Europea y Londres. Desde el 1 de febrero hasta el 31 de diciembre 2020, ambos actores han entrado en un periodo de transición. Durante este periodo las reglas europeas siguen vigentes. Una forma de maratón tanto como de juego para ofertas más allá va a definir el tiempo de esta fase.
El Primer Ministro británico, Boris Johnson, ya puso presión sobre los europeos, haciendo referencia a unas amenazas sobre un aumento de tarifas aduaneras sobre unos productos, como lo son los carros alemanes con unos 10% de aumento, o los quesos franceses. También reafirmó su disposición a abrir discusiones paralelas con actores internacionales, como lo son los Estados Unidos, Japón, China. Por cierto, la situación del Primer Ministro ha cambiado en pocas semanas: con una mayoría absoluta en el Parlamento británico, logró su maniobra política. Para él, el horizonte se abrió, ganado en fuerza y credibilidad en las capitales del mundo. Es probable que aproveche este contexto nuevo y favorable para él y sus aliados para negociar en posición de fuerza los términos en materia de temas divergentes comerciales, tanto como sobre la cooperación en materia de seguridad, de inteligencia. ¿Qué pasará con el acceso a las aguas internacionales, la pesca, los estándares para la aviación, para los programas universitarios como Erasmus, la reglamentación medicinal, el acceso a la energía?
Son numerosos los temas de discusión que servirán para organizar la futura relación. Pero hasta el 31 de diciembre próximo, Londres seguirá con las reglas europeas y con las condiciones del presupuesto europeo.
Por cierto , Gran Bretaña fue durante estos últimos decenios uno de los principales contribuyentes netos, con Alemania y Francia, en el presupuesto europeo. Para la Unión Europea, la negociación del 2020 es muy importante: definirá la relación con un país que acaba de salir de esa mancomunidad.
El éxito de dicha negociación tendrá consecuencias sobre la coherencia futura de la Unión. Otros países podrían tener la tentación de salir, pero según los términos de las negociaciones con Gran Bretaña, lo pensarán más. La Unión Europea pierde, con la salida de Londres, 15% de su fuerza económica, 5.5% de su dimensión territorial. Son 66 millones de habitantes que vuelven en unas fronteras nacionales; la Unión contando con sus 27 miembros, 446 millones de personas. Entrando ahora en el estatus de “país tercero”, los 73 eurodiputados británicos salen del Parlamento de la Unión.
Quedan también por ser definidos los temas de las fronteras con Gibraltar, tanto como lo fue el de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Estos 500 km de frontera vuelven como la frontera entre la Unión Europea y el Reino Unido. Pero establecer una frontera podría hacer correr un riesgo sobre el acuerdo del “ Viernes Santo” de abril de 1998. Este había permitido el compartir el poder entre protestantes y católicos en las instituciones. Se logró, a pesar de todo, constituir una forma de “Soft brexit”, consistente en que no habrá controles entre Ulster (Irlanda del Norte) e Irlanda, sino controles sobre los productos importados en Irlanda del Norte desde Gran Bretaña, teniendo vocación en ingresar en la Unión Europea.
Quizá la salida de Londres permitirá a la Unión Europea lanzarse de verdad en la edificación de la dimensión “seguridad y defensa”, acelerando la dimensión política de su identidad.
Mientras se plantean esos temas para el porvenir, la campana de Big Ben se hizo oír en un Londres más británico que nunca desde 47 años. Good morning, querido pueblo británico!

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr

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