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Nuevo año, nuevas expectativas

Para los comprometidos con un mejor país, el nuevo año representa una oportunidad más para alzar la voz por lo correcto, por las necesidades de las personas relegadas y por el deseo de vivir en una nación que mira hacia el futuro con certeza y no con temor

Por Armando Ávila
Estudiante

Algunos consideran que los sucesos del 2021 son avances inmensurables, mientras que otros, retrocesos lamentables. Independientemente de cada perspectiva, se debe reconocer que fue un año histórico, similar a una montaña rusa: con momentos de alegría y períodos de frustración; con promesas esperanzadoras y fallos decepcionantes. Tras esto, tener enormes expectativas en el próximo año se convierte en lo más lógico, pero ¿qué deberíamos esperar del 2022?

En primer lugar, deberíamos esperar unión. En los años anteriores, han resaltado las acusaciones cargadas de odio y comentarios inoportunos, que, en vez de fundamentar los valores de una sociedad digna, han logrado sacar lo peor de la naturaleza humana: resentimiento, orgullo, idolatría, intolerancia. El nuevo año representa la oportunidad para que esto cambie, que los discursos que cierran la puerta a la diversidad se transformen en palabras que lleven paz y colaboración a nuestro país.

En segundo lugar, deberíamos esperar integridad. Múltiples investigaciones periodísticas, nacionales e internacionales, han sacado a la luz los negocios oscuros de figuras políticas del pasado y del presente. Algunos funcionarios y exfuncionarios han sido acusados y condenados siguiendo el debido proceso; otros se han arropado en la fiel protección de las nuevas esferas de poder. Por eso, en el 2022, debemos exigirles integridad y coherencia a nuestras autoridades, lo cual debería traducirse en un sistema de justicia basado en la ética y no en los nuevos intereses personales de los que manejan el sistema.

En tercer lugar, deberíamos esperar atención. Comúnmente, ciertos sectores descalifican genuinas preocupaciones y exigencias ciudadanas porque consideran que estas amenazan el sistema construido alrededor de los líderes políticos del momento. Esto lleva a que parte de la población mantenga una noción distorsionada de las problemáticas que yacen en los hogares más vulnerables del país, pues, cuando los afectados por las mismas alzan su voz, se enfrentan a cuestionamientos sobre los treinta, cuarenta o doscientos años anteriores.

Unión, integridad y atención son, ciertamente, principios que la población ha demandado desde hace mucho tiempo y cuya ausencia ha resaltado en años recientes. Aun así, nuestros líderes políticos claman a los cuatro vientos que tales preceptos fundamentan sus ideales; y mientras, lo que antes se hacía bajo la mesa, hoy se protege por medio de leyes poco discutidas que sirven de armadura para los que siguen atentando contra las y los salvadoreños.

Para algunos, esto provoca tristeza y desacierto; pero, para los comprometidos con un mejor país, el nuevo año representa una oportunidad más para alzar la voz por lo correcto, por las necesidades de las personas relegadas y por el deseo de vivir en una nación que mira hacia el futuro con certeza y no con temor. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de que estas expectativas se vuelvan realidad y que podamos ver a El Salvador resurgir en libertad, paz y, sobre todo, hermandad.

Estudiante de Ingeniería de Negocios

Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

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Año Nuevo Balances Políticos Opinión Valores

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