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Daniel Zovatto: Debemos evitar que el malestar en la democracia se convierta en malestar con la democracia

Los informes advierten también sobre un nuevo tipo de autoritarismo que erosiona la democracia desde dentro, y que conlleva seis amenazas principales: 1) el avance del populismo; 2) el mal uso de las redes sociales para difundir noticias falsas, discursos de odio y contaminación informativa (posverdad); 3) la polarización tóxica que divide a las sociedades; 4) los graves ataques a la libertad de prensa; 5) el asedio a la justicia y a los organismos electorales; y 6) la reducción de los espacios de la sociedad civil.

Por Daniel Zovatto
Director Regional IDEA

La celebración del Día Internacional de la Democracia, el jueves 15 de setiembre, con el foco de atención puesto este año en la protección de la libertad de prensa y de expresión, brinda la oportunidad de reflexionar y hacer un balance acerca del estado de esta, sus tendencias, amenazas, desafíos y oportunidades, tanto a escala global como latinoamericana.

Cuatro de los principales informes publicados en los últimos meses —el Estado global de la democracia de IDEA Internacional, el índice de democracia 2021 de la Unidad de Inteligencia de The Economist, el Informe sobre la libertad en el mundo 2022 de Freedom House y el informe de V-Dem 2022 de la Universidad de Gotemburgo— confirman la recesión que experimenta la democracia en el planeta, caracterizada por un avance del autoritarismo y gran deterioro y retroceso democráticos durante los últimos 16 años.

Y, en materia de libertad de prensa, el panorama es igualmente desolador: drástico declive experimentado en el 73% de los países, según el informe de Reporteros Sin Fronteras del 2021.

Tiempos recios para la democracia latinoamericana
Los informes citados coinciden asimismo en señalar que la democracia en América Latina vive tiempos recios. Si bien el deterioro y retroceso ya estaban presentes antes de la llegada de la covid-19, la pandemia ha tenido un efecto negativo sobre la calidad de la democracia.

Según IDEA Internacional, el año pasado la mitad de las democracias latinoamericanas mostraron claros signos de erosión. Para The Economist, América Latina es la región que en el 2021 registró la caída más pronunciada en comparación con el año anterior; descenso que ocurre por sexto año consecutivo y que determina que solo el 1,3% de la población latinoamericana reside actualmente en democracias plenas.

Los países que han sufrido un mayor deterioro durante los últimos años son Venezuela, Nicaragua, Cuba, El Salvador, Brasil y Haití; este último, al borde de la anarquía.

América Latina ofrece un cuadro de marcada heterogeneidad en materia de calidad de la democracia, con una tendencia preocupante: durante los últimos 15 años hemos perdido 9 democracias (6 descendieron a sistemas híbridos y 3 se convirtieron en regímenes autoritarios).

El mapa regional muestra una sola democracia plena, Uruguay, y nueve democracias imperfectas con diferencias importantes entre sí: Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Panamá y República Dominicana.
Otros 6 países son calificados de regímenes híbridos: Honduras, Guatemala y El Salvador, en América Central (los dos últimos en plena deriva autoritaria); Bolivia y Paraguay, en América del Sur; y México, en Norteamérica. Y 4 son calificados de regímenes autoritarios: Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití.

Un balance equilibrado permite también identificar algunas tendencias positivas. La principal, la capacidad de resiliencia de las democracias latinoamericanas, sobre todo, en el ámbito electoral.

En efecto, la gran mayoría de las elecciones presidenciales durante el período 2020-2022, pese a los desafíos impuestos por la pandemia y otros factores, se celebraron en el tiempo planeado, con adecuados niveles de integridad electoral y rigurosos protocolos sanitarios.

Las excepciones fueron la farsa electoral nicaragüense de noviembre pasado y la continua posposición de las elecciones en Haití, aún sin fecha confirmada. Esta dimensión, la legitimidad de origen —que determina que la única vía aceptable para acceder al poder sea mediante elecciones libres, justas y competitivas— debe ser, junto con la legitimidad de ejercicio, una prioridad por preservar y fortalecer.


Principales debilidades y amenazas

Una de las principales debilidades de las democracias latinoamericanas radica en el componente de cultura política. El Latinobarómetro 2021 muestra que el apoyo a la democracia está estancado y tiende a la baja: del 63% hace una década al 49%.

Por su parte, la incapacidad de las democracias para dar resultados repercute negativamente en los grados de satisfacción: mientras esta cayó al 25%, la insatisfacción se disparó al 70%.

Existen otros datos adicionales muy preocupantes: primero, el aumento de la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones y élites políticas, aunada a la percepción de que estas gobiernan para beneficio de sí mismas y de los poderosos, y no de las mayorías (un 73%). Segundo, a un 27% le da lo mismo un gobierno democrático que uno que no lo sea. Tercero, un 51% dice que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas. Y cuarto, en la gran mayoría de los países, un porcentaje superior al 50% de la población encuestada está dispuesta a sacrificar las elecciones y la libertad de expresión a cambio de tener mejores ingresos y acceso a los servicios básicos (Barómetro de las Américas, 2021). Como vemos, los desafíos en este ámbito son mayúsculos: no hay democracia sin demócratas.

Los informes advierten también sobre un nuevo tipo de autoritarismo que erosiona la democracia desde dentro, y que conlleva seis amenazas principales: 1) el avance del populismo; 2) el mal uso de las redes sociales para difundir noticias falsas, discursos de odio y contaminación informativa (posverdad); 3) la polarización tóxica que divide a las sociedades; 4) los graves ataques a la libertad de prensa; 5) el asedio a la justicia y a los organismos electorales; y 6) la reducción de los espacios de la sociedad civil.

¿Qué hacer?
Lo primero, tomar conciencia del estado crítico que enfrenta la democracia y actuar con brújula estratégica y sentido de urgencia. Ni subestimar las amenazas ni caer en un pesimismo paralizante.

Lo segundo, repensar la democracia para avanzar hacia una de nueva generación, inclusiva, resiliente y con capacidad de gestionar las sociedades complejas del siglo XXI. Para ello, es indispensable recuperar la centralidad de la política, restablecer la confianza en las élites, relegitimar las instituciones, abrir nuevos espacios de participación y deliberación ciudadana, renovar el contrato social, garantizar la gobernanza y, sobre todo, acompañar la democracia de un buen gobierno para mejorar su capacidad de dar resultados (delivery) oportunos y eficaces a las crecientes demandas de una ciudadanía empoderada y exigente.

Tercero, proteger a los periodistas, medios de comunicación y a los actores de la sociedad civil cuyo papel es clave para la defensa de la democracia.

Y cuarto, actualizar y fortalecer los mecanismos regionales de protección de la democracia. Como vemos, la tarea es enorme, ya que es mucho, muchísimo lo que está en juego. Hay que evitar a toda costa que el malestar en la democracia se convierta en malestar con la democracia.

El autor es director regional de IDEA Internacional.

@Zovatto55

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