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El Samaritano Salvadoreño

Conforme se acerca la Navidad es bueno meditar si ya es tiempo de convertir el simulacro de amor y paz anual en una realidad. La pregunta “¿quién es mi prójimo?” sigue teniendo la misma respuesta: “El que tuvo misericordia” ; y el mismo mandamiento: “Ve y haz tú lo mismo”.

Por Carmen Maron

Érase uno de los tantos salvadoreños que reparten comida rápida -socios repartidores los llaman- que iba con todo a recoger su siguiente pedido. Por mala suerte, hizo un viraje demasiado amplio y su motocicleta resbaló en la grava. Menos mal que ya había entregado el pedido anterior, porque la motocicleta le cayó encima y no podía alcanzar su celular para llamar al comercio. Desesperado comenzó a gritar.
Primero pasó un pastor, con la calcomanía de “A Jesús Por Nadie” en el búmper, y Marcos Vidal a todo volumen… Pero iba tarde al culto, así que no se bajó. Intentó llamar al 911, pero en eso le cayó otra llamada y siguió de largo.
La siguiente en pasar fue una señora, ministra de la Comunión y jefa de sector de una parroquia cercana. Pero iba tarde a rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, el Rosario y luego a misa de cinco, para luego poder ir a tomar café con sus amigas, así que ni siquiera se percató de que el repartidor estaba en el suelo.
Casi al rato pasó un funcionario público (el partido, no importa) en su camioneta asignada, manejada por su motorista. El motorista vio al socio repartidor, el “padre de la Patria” iba revisando su celular y sólo registró que había un accidente.
Nuestro amigo socio repartidor, al ver que nadie por él, luchaba inútilmente por quitarse la moto de encima. De repente, sintió que alguien le ayudaba. Cerró los ojos con alivio y, cuando los abrió, casi se muere de un infarto. El que le había ayudado era otro socio repartidor con quien tenía serias diferencias y con quien más de una vez habían discutido acerca de temas políticos de actualidad. ¿Qué estaba haciendo allí, ayudándole?
El compañero/adversario político se quedó hasta que llegó la aseguradora. Luego, pidió permiso para acompañar a su compañero al Rosales. Resultó que tenía una pierna quebrada y le dieron un mes de incapacidad. Preocupado, llamó a un amigo de un amigo para que llegara en su Uber y lo llevara de gratis a su pobre casa, en un sector populoso del gran San Salvador.
Una vez en casa, el socio repartidor comenzó a preocuparse. La empresa, afortunadamente, había respondido bien y le había dado algún dinero. Pero su esposa trabajaba en casa ajena y los dueños tenían covid. Le habían pagado la semana, pero faltaba quince días para que pudiera regresar. Y tenía tres hijos y la compra de útiles pendiente, por no decir las medicinas…
De pronto sonó la puerta. Los esposos se volvieron a ver, temerosos. Sería que…Otra vez tocaron. Armándose de valor la esposa abrió la puerta…
…y allí estaba el vecino, adversario político, con quien se habían gritado de todo. Traía bolsas del mercado: frijoles, arroz, maíz, plátanos…¡plátanos! ¡Leche para los niños! ¿Pámpers? Y le entregó un sobre con la colecta que había hecho entre los otros socio conductores y personal administrativo de la empresa. “Aquí está mi celular”, le dijo escribiendo. “Cualquier cosa que necesite me escribe al Whatsapp. ¡Ah!, y no se preocupe. Todo lo demás que tiene que pagar está pagado”.
A estas alturas, ya todos estarán preguntándose si no tengo nada más de qué escribir. No, verán: lo que sucede en El Salvador en el 2021 entre dos personas que se insultan por la política es lo mismo que ocurría entre judíos y samaritanos en los tiempos de Jesús: se “odian”. Pero siempre, dentro de nosotros, si tenemos la fe puesta en Dios, existe la capacidad de actuar con misericordia y empatía dejando a un lado las diferencias. Y nuestro esfuerzo, lejos de pelear batallas estériles con los que son de la esquina, o son de la bancada, o cómo se digan, es recordar que sólo luchando juntos lograremos salir adelante después de esta pandemia y vivir en una relativa paz y tranquilidad.
Conforme se acerca la Navidad, es bueno meditar si ya es tiempo de convertir el simulacro de amor y paz anual en una realidad. La pregunta “¿quién es mi prójimo?” sigue teniendo la misma respuesta: “El que tuvo misericordia” ; y el mismo mandamiento: “Ve y haz tú lo mismo”. No hay “paquines” , “jefes”, “troles” “partidos” ni nada de lo que nos hemos acostumbrado a ver como “normal” dentro del término “prójimo”. Misericordia es misericordia y mandamiento es mandamiento. Con la fe puesta en Dios, seamos Samaritanos Salvadoreños… ¡TODOS!

Educadora, especialista en Mercadeo con Estudios de Políticas Públicas

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