Anécdotas del Consejo de Seguridad

Momentos que hicieron valer la pena a un espacio democrático como lo fue el Consejo.

Nov 22, 2019- 18:21

Recibí invitaciones para integrarme al Consejo Nacional de Seguridad desde sus primeras semanas. Pero, según mis cuentas, ese era ya el tercer consejo de seguridad que se convocaba. Las recomendaciones de los dos primeros no fueron tenidas muy en cuenta y eso me desmotivaba a ser parte del nuevo esfuerzo. Pero una mañana, el entonces coordinador residente del sistema de las Naciones Unidas en El Salvador, el señor Roberto Valent, me invitó a su despacho y, aunque era la primera vez que conversábamos, pronto nos enzarzamos en una apasionante discusión sobre violencia y seguridad en la cual descubrimos que teníamos muchas opiniones y puntos de vista comunes. En cuanto a propuestas de solución teníamos una coincidencia completa. El tiempo transcurrió, pero él fue muy generoso y me dedicó casi tres horas durante las que me quedó muy claro el enfoque que en el Consejo se hacía de esos temas. Esa conversación fue definitoria para incorporarme.
No repetiré lo ya dicho por varias personas en relación con el ejercicio democrático que el Consejo supuso, lo valioso del Plan El Salvador Seguro (PESS) y su incidencia para lograr que, aunque sea en una medida pequeña, se invertir fondos en prevención de la violencia antes que en la represión. Mas bien, deseo referir la ocasión cuando visitamos una escuela beneficiada por el PESS en Ciudad Delgado. La reunión fue con los maestros y alumnos. Nos sentamos en los pupitres de un aula colocados en forma semicircular. Hato Hasbún estaba sentado exactamente en el pupitre delante de mí y pude ver a una niña, de unos once años, con elocuencia notable, encarándolo directamente para exponerle las dificultades que enfrentaba para alcanzar las metas académicas que se había propuesto. Era muy obvio que la situación había surgido de manera espontánea y ¡qué difícil es responder cuando es una niña quien cuestiona! Hato le respondió reconociendo la validez de su planteamiento, pero siendo muy realista en cuanto a las posibilidades de solución. Un momento inolvidable del Consejo.
En otra ocasión, en una reunión de un grupo pequeño del Consejo con un alcalde de un municipio priorizado, tuvimos una jornada de evaluación. El alcalde estaba a mi lado y, después de él estaba Hato. Durante toda la reunión me la había pasado tratando de adivinar a qué partido político pertenecía el alcalde. Ya por terminar, no resistí la curiosidad y muy diplomáticamente le pregunté a qué partido pertenecía. Él respondió que al Frente. Hato saltó y sorprendido le preguntó: “¿Usted es del Frente? ¡Yo pensé que era de otro partido!”. El alcalde firmemente respondió: “No señor, soy del Frente”. En verdad, el partido al que perteneciera un alcalde no tenía la menor importancia para el Consejo.
Otro momento fue el ver la casa comunal de la colonia El Palmar de Santa Ana abarrotada con jóvenes, que eran la abrumadora mayoría, reunidos para conversar con los miembros del Consejo y solicitarles la continuación y ampliación del PESS. Momentos que hicieron valer la pena a un espacio democrático como lo fue el Consejo. Muy aconsejado para futuras administraciones que estén interesadas y que no teman a la participación ciudadana.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim

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