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Buscar culpables para no asumir responsabilidad

Congruencia y no elocuencia, verdades y no falacias, educación para que la gente asuma la responsabilidad de la conducción de su propia existencia; eso hace que cualquier política pública pueda tener éxito y no se convierta solo en discursos incendiarios, que benefician solo a los que los pronuncian que,por regla general, reciben pingües beneficios por ello.

Por Edward Wollants
Médico y abogado

Parece estar de moda el buscar culpables ajenos, para evadir asumir la responsabilidad de los propios actos. Esto a todo nivel.

Es una práctica inveterada, ya que se necesita no solo valor y entereza para aceptar los propios errores, fracasos y equivocaciones sino, además, estar dispuesto a explicar el por qué de las decisiones tomadas, la disposición para asumir las consecuencias de los actos realizados y, lo más importante, un plan para poder enmendar lo mal andado, corregir la equivocación o al menos, reparar los daños, en la medida de lo posible.

Pero lo escaso de conductas como la anteriormente descrita, ha hecho, sigue haciendo y, me temo, seguirá haciéndolo, que las personas busquen derivar la responsabilidad de sus actos, señalando en otros la causa de los males que ellos mismos provocan o de cuya autoría son partícipes.

Si el anterior comportamiento ya es deleznable en cualquier persona, lo es aún más cuando se trata de una institución, organización o, en otras palabras, cuando de manera organizada, se promueve achacar a otros la responsabilidad que corresponde a cada uno de los individuos de la sociedad.

Esto pasa con demasiada frecuencia, tanta, que incluso se ha llegado al punto de, en función de evitar entrar en controversia con una población, buscar culpables a los errores o fallas del comportamiento de la suma de las individualidades, ofreciendo a otros en el altar de los sacrificios; mediante el señalamiento, culpabilidad y penalización de otro grupo, que si bien relacionado, no obliga a nadie a su actuación en determinada manera.

Lo anterior describe perfectamente lo que pasa cuando se quiere desarrollar políticas públicas basadas en acusar a un sector determinado, de ser el culpable de los problemas de una sociedad o comunidad, por ejemplo, hablemos de los problemas sanitarios: Caso que se ejemplifica cuando se culpa a las empresas que empacan sus productos en plástico, como el caso de los alimentos, porque estos empaques terminan en las calles, de allí en los tragantes, obstruyéndolos y, finalmente, ocasionando inundaciones cuando hay fuertes tormentas. También cuando se culpa de la obesidad y el sobrepeso a la existencia de alimentos altos en calorías, especialmente los descritos a través de la mal llamada clasificación de “procesados o ultra procesados”.

Pero ¿qué lleva a desarrollar estas falacias?, porque eso son: argumentaciones que tienen una apariencia de solidez lógica, pero que realmente son falsas premisas sobre las cuales se desarrolla una conclusión, también falsa. En muchos de los casos, la principal causa es que no se quiere perder el “favor” de los diferentes grupos humanos, teniendo que confrontarlos con su responsabilidad sobre los actos realizados; en otros casos, porque resulta útil y productivo generar enemigos a los cuales señalar, achacándoles culpas y señalándolos como responsables, para que sean ellos los que paguen los platos rotos. 

Pero así nunca se resuelven los problemas, no se generan políticas públicas basadas en hechos ciertos, que sostengan firmes propuestas de soluciones factibles, que ayuden a solucionar la raíz de los problemas, no solo bajo el axioma de “pan hoy, hambre para mañana” sino, además, con una visión del largo plazo.

Si no queremos basura en las calles, eduquemos a la población para que no lance los desperdicios por donde va caminando o donde llega a consumir a puestos ambulantes, porque si no bota plásticos, porque no los tiene al alcance, ya botará papel o cartón o vidrio o lo que se le ponga enfrente.

Si no queremos personas obesas, con sobre peso y con las enfermedades crónicas no transmisibles que esto conlleva, eduquémoslas en la manera de alimentarse balanceadamente y no promovamos que, con prohibir comidas o bebidas específicas, el problema va a mejorar, porque no ha pasado ni pasará; porque sin educación, las personas comerán en exceso lo que tengan a la mano, que con seguridad por lo extremadamente caro de las frutas y verduras, no serán estas las de escoger.

Congruencia y no elocuencia, verdades y no falacias, educación para que la gente asuma la responsabilidad de la conducción de su propia existencia; eso hace que cualquier política pública pueda tener éxito y no se convierta solo en discursos incendiarios, que benefician solo a los que los pronuncian que,por regla general, reciben pingües beneficios por ello.

Y para los que se preguntan si en casos como los planteados, las empresas de plásticos y alimentos, están exentas de responsabilidad, la respuesta es ¡no! Pero, responsabilidad y culpabilidad son cosas distintas. Tienen que ayudar con ese proceso de educación de la población, porque al igual que todos los que vivimos en y de una comunidad, estamos en la obligación de ayudar a solventar los problemas que afectan a las grandes mayorías, también las empresas cuyos productos se ven involucrados.

Médico Nutriólogo y Abogado

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