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Buen viaje, Sir Alfred

En septiembre Mehran Karim Nasseri regresó calladamente al aeropuerto Charles de Gaulle. Había retornado al calor de su refugio improvisado. Al espacio que para él era su patria.

Por Gina Montaner
Periodista

Por Gina Montaner*

Murió de un infarto en la terminal 2F del aeropuerto Charles de Gaulle. Podría ser la noticia sobre cualquier pasajero en tránsito que nunca llega a su destino. Pero ha sido el desenlace de Mehran Karim Nasseri, cuya vida alcanzó la celebridad por ser objeto de películas, libros y hasta óperas.

Es posible que este hombre que nació en Irán nunca soñó que su azarosa existencia se transformaría en toda una novela de aventuras y desventuras. O tal vez Nasseri lo buscó afanosamente en su periplo impulsado, según contaba, por encontrar a su verdadera madre. Hasta el final de sus días aseguró que se trataba de una mujer británica que había tenido un romance fugaz con su padre. Lo cierto es que en un momento dado abandonó Irán y durante su estancia en Europa le robaron sus documentos de viaje, convirtiéndose de la noche a la mañana en un apátrida. 

Así fue cómo en 1988, después de que le denegaran la entrada en Bélgica, Holanda y Alemania, Nasseri llega al aeropuerto de Charles de Gaulle y allí viviría hasta 2006 sin un estatus migratorio definido. A lo largo de 18 años hizo de una de sus terminales su hogar, donde recibía a los curiosos, a los periodistas, a los que estaban de paso y querían escuchar su increíble historia. Nunca pretendió vivir de la caridad ajena, pero la gerencia y los propios empleados del aeropuerto le brindaron vales para comidas y las comodidades básicas para que la sala de espera fuera su salón de estar y su casa.

Era cuestión de tiempo antes de que este singular individuo alcanzara el estatus de celebridad mundial (le gustaba que lo llamaran ‘Sir Alfred’) y de que Hollywood se decidiera a llevar al cine su relato. Quién mejor que Tom Hanks, bajo la dirección de Steven Spielberg, para interpretar a aquel hombre inofensivo al que los acontecimientos lo habían llevado a refugiarse en la impersonal hospitalidad de un aeropuerto. El filme, titulado, cómo no, The Terminal, se estrenó con éxito en 2004 y se permitía la licencia de añadir un romance con una bella azafata. Hollywood suele apostar por los finales felices y, al menos en la gran pantalla, la existencia del personaje corre mejor suerte que la del auténtico protagonista.

El verdadero Nasseri consiguió estatus de refugiado al cabo de casi dos décadas paseándose por la terminal como vagabundo sobre moqueta, pero eligió continuar viviendo en ese hábitat grande y reducido a la vez. Puede parecer descabellado, pero no deja de tener sentido aquella decisión de no salir voluntariamente de la jaula. Su mundo de referencias era la terminal, con los desconocidos que hablaban con él, las amistades que forjó con el personal, los pasillos hacia aviones que otros abordarían. Se había aventurado a buscar a una madre a la que nunca halló y en el accidentado camino encontró su sitio en el mundo, arropado por los anuncios intermitentes que salen de los altoparlantes notificando llegadas y salidas que no eran para él.

Toda historia, hasta la más sorprendente, acaba por hacerse cotidiana y sus personajes se difuminan ante los ojos de quienes alguna vez se sintieron deslumbrados por la trama. Nasseri llegó a confundirse con el paisaje impreciso del aeropuerto. La reliquia de un suceso que llegó a ser titular. Así fue cómo en 2006 las autoridades francesas lo obligaron a que abandonara la terminal para someterse a una operación. Desde entonces su vida ya no fue la misma: vivió en hostales y acabó en un refugio para desamparados. París, imponente y amplia, debía ahogarlo en su propia inmensidad, desorientado en unas calles donde ya nadie lo reconocía y se tomaba un café con él entre escala y escala antes de abordar un avión.

En septiembre Mehran Karim Nasseri regresó calladamente al aeropuerto Charles de Gaulle. Había retornado al calor de su refugio improvisado. Al espacio que para él era su patria. El corazón le falló a los 77 años en la terminal 2F. Era su viaje final. [©FIRMAS PRESS]

*Twitter: ginamontaner

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