El Ejército vivirá mientras viva la República

Al romperse la forma republicana del Estado, podrá existir una colectividad armada, pero no es para la defensa legítima del país o de su pueblo, sino para la defensa del jefe de Estado y de la imposición de sus deseos absolutos, con riesgo a un sesgo político partidario.

Por Hugo E. Fonseca
Militar y abogado

Sep 13, 2020- 18:30

Esta frase le es atribuida al General Manuel José Arce y Fagoaga. Según el registro de las actas, el 7 de mayo de 1824 se leyó el informe de la Comisión Especial, encargada de estudiar el plan del Comandante General de las Armas de este Estado, Coronel Arce, sobre el arreglo y organización de la fuerza que debe levantarse para el sostenimiento de la libertad y defensa de los derechos de los pueblos.
El proyecto se aprobó con una ligera modificación al Artículo 1º en cuanto a la denominación de la fuerza. Con lo que el Congreso aprobó la Ordenanza o Ley Constitutiva de su fuerza de defensa y por ende creó la “Legión de la Libertad del Estado de San Salvador”.
Si bien es una frase que dentro de las filas es bien conocida y recordada dentro de los actos del aniversario institucional, así como para las fiestas patrias o en momentos que se imprime el orgullo y la unidad de cuerpo institucional, no es una frase presumida filosófica ni jurídicamente.
En la Constitución de 1824 no se menciona al Ejército. Pero el Congreso sí tenía la atribución de otorgar las ordenanzas correspondientes a la milicia cívica y disciplinada. Y en dos ocasiones se desarrolla la atribución de uso de la fuerza armada: una para el Congreso, levantando a la fuerza armada según las necesidades del Congreso Federal, y otra al Jefe Supremo, de disponer de la fuerza armada del Estado, y usar de ella en su defensa, en caso de invasión repentina.
Para aquella época no existía la institución constitucional como ahora. Lo que existían eran milicias cívicas organizadas, con una estructura establecida en la Ley Constitutiva y las Ordenanzas emitidas por el Congreso. Básicamente eran unidades de ejército de tierra, donde las tropas se integraban ante las necesidades, a las estructuras organizadas de oficiales y sargentos.
Analizando la frase tenemos que ejército es: una colectividad, organizada, jerarquizada y numerosa, para la realización de un fin. Ejerce el monopolio de las acciones bélicas para la defensa del Estado. El cual está formado por el conjunto de las fuerzas militares de un país.
Por otro lado, república es una forma de Estado, cuyo jefe es elegido por los ciudadanos directamente o a través del parlamento o congreso, para un tiempo determinado. Se contrapone, por ejemplo, al sistema monárquico en que la condición del Jefe de Estado es hereditaria.
El Artículo 11 de la Constitución de 1824, como uno de los Estados Federados de la República del Centro de América, establece que: “El Supremo poder estará dividido por su Administración en Legislativo, Ejecutivo y Judicial”, reconociéndose una forma republicana de Estado, dividido por tres órganos, con atribuciones propias y con un sistema de pesos y contrapesos entre ellos.
Así tendremos que: La colectividad legal, organizada, jerarquizada y numerosa, para la realización legitima de la defensa del Estado y de su pueblo, vivirá mientras exista la forma republicana de Estado, dividido por tres órganos: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, con atribuciones propias cada uno, con un sistema de pesos y contrapesos entre ellos.
Lo anterior es base para la apoliticidad partidaria de la institución castrense. Al romperse la forma republicana del Estado, podrá existir una colectividad armada, pero no es para la defensa legítima del país o de su pueblo, sino para la defensa del jefe de Estado y de la imposición de sus deseos absolutos, con riesgo a un sesgo político partidario.
La frase del General Manuel José Arce y Fagoaga tiene tanto valor en 1824 como ahora, pero podría perderse entre los relatos históricos.

Militar y abogado.

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