¿Por qué ganó Nayib Bukele?

Por Raúl Alberto García Mirón

Feb 08, 2019- 20:44

El tsunami Bukele arrasó electoralmente con todo lo que encontró a su paso, dejando una estela de destrucción anímica, moral, y desorientación interna en las cúpulas y sus fieles —cada vez menos— de los otrora grandes partidos ARENA y FMLN. No supieron ver los avisos del cataclismo inminente que se acercaban. Sonaron las alarmas con mucha antelación, pero no se movieron de sus cómodas y confiadas equivocaciones.

Las aguas de la enorme ola están retrocediendo, y como sucede después de toda “tragedia”, empieza el recuento de los daños y la búsqueda de los culpables, pues después de todo, alguien debe siempre pagar los platos rotos. No deben buscar mucho: el gran culpable se llama corrupción. Hay otros factores, pero este fue el gran dominador.

Con ARENA, la corrupción presidencial salió a la luz, en la campaña de 2014, lo que permitió, por poco margen, a Sánchez Cerén volverlo presidente. Pero como aún faltaba más, ya iniciada esta campaña, con la condena abreviada de Saca, eso también los condenó. No olvidemos que en su confesión y saliéndose del guión, salpicó a ARENA y a muchos destinatarios, delatando con los sobresueldos a muchos exfuncionarios, a lo que hay que sumar el desgaste ya causado previamente, con el caso contra Flores por los millones de Taiwán. Aunque trataron tibiamente de desvincularse, la gente escasamente les creyó.

Al FMLN de Mauricio Funes, asilado por prófugo —aconsejado por su mismo partido— en la Nicaragua orteguista, no le hizo tampoco ningún favor, las cuatro acusaciones penales ligadas a corrupción; los sobresueldos que muy jugosos continuaron en su gestión, y por supuesto, los propios y grandes errores del FMLN en su actual administración. Fueron aguerridos con los corruptos ajenos, pero complacientes y protectores con los propios. Eso la gente tampoco se los perdonó.

La postura de ambas cúpulas ante esta gran corrupción, aunado al discrecional, autoritario y desfasado manejo de sus respectivos partidos; una campaña mediocre que no supo leer bien la estrategia del común rival, ni entender lo que confirmaban las encuestas, ni adaptarse a los nuevos tiempos y formas de comunicación electoral, firmó su sentencia, no logrando de ningún modo, desprenderse de la etiqueta que Nayib astutamente les selló; convirtiéndolos en “los mismos de siempre” exigiéndoles que “devolvieran lo robado” y proclamando que “harían historia”, mensajes básicos que conectaron con las frustraciones y el sentir de la gente, permitiéndole a Bukele, cazarlos “como tigre echado”, como vimos, casi sin despeinarse.

No es menospreciar el mérito de Bukele, pero de los más de 5.2 millones de salvadoreños aptos para votar, el ganador oculto fue el ausentismo, resultando electo presidente con 1.38 millones de los votos: el 26 % del padrón electoral. No es restarle importancia al resultado, que sin duda fue aplastante, pero es oportuno recordarle que no es el 53 % de todo El Salvador quien le ha votado, aunque sí la mayoría de los que fueron a votar. No hay, por tanto, ningún cheque librado en blanco.

El error de ARENA Y el FMLN fue ignorar que hace más de dos años, ya en las encuestas, los rechazaba más del 70 % de la gente. Olvidaron que entre los que mostraban simpatía por Bukele, también un 70 % lo hacía simplemente por el deseo urgente de cambiar, dejando muy por detrás el partido, las propuestas, ideología o la experiencia. No quisieron leer la evidente tendencia, o simplemente se quisieron engañar. Sus errores los cegaron y ahora se los han facturado.

Los votantes se decidieron por Nayib. Toca ahora felicitar al nuevo presidente y recordarle que no podrá gobernar desde la comodidad de un celular ni retando instituciones con su poder popular. Es urgente que dejemos atrás las frases y actitudes divisorias y, sobre todo, que escoja a la mejor gente para hacer de su quinquenio un gobierno eficiente. No importan en estos tiempos las ideologías caducas, sino gobernar respetando la Constitución y el Estado de Derecho, y resolver con sensatez los problemas que tanto agobian a la gente. Hay que darle cuanto antes un rumbo correcto a la Nación. Y aquí es donde encuentro por hoy mi principal preocupación.

Abogado y Notario

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