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¡Decime qué se siente!

Por Ricardo Avelar

Mar 06, 2018- 19:16

“Brasil, decime qué se siente-e-e”, cantaban los hinchas argentinos a sus archirrivales sudamericanos durante la Copa Mundial de fútbol en 2014. Esto, pues el titán y anfitrión de esta justa deportiva quedó eliminado de forma humillante en las semifinales, mientras que el cuadro albiceleste se coló en la final.

La canción no solo hacía referencia a la intensa rivalidad que ambas naciones tienen en el fútbol. También resaltaba la sorpresa de que Brasil quedase eliminado en un torneo en el que figuraba entre la lista de favoritos. “Decime qué se siente” fracasar cuando creíste que lo tenías todo ganado, seguramente pensaban los aficionados argentinos. Es que no hay nada peor que dar un triunfo por sentado y llevarse una decepción enorme.

Hace unos días, los salvadoreños acudieron a las urnas para elegir a aquellos ciudadanos que los representarán durante los próximos tres años, tanto en el Legislativo como en los concejos municipales.

Horas después del cierre de los centros de votación, los resultados preliminares se empezaron a conocer. Y con estos, los principales temas de conversación. Primero, el elevado descontento con la política tradicional, representado en los crecientes votos nulos. Segundo, cómo algunos han querido hacer un uso político y oportunista de esta opción, pretendiendo posicionarse como los padrinos de algo que siempre estuvo ahí. Tercero, la estrepitosa caída del oficialismo y cómo no hay en el mundo aparato de propaganda que sepa contar una historia positiva al respecto.

Sin embargo, la conversación que prevaleció el día después de las elecciones giró en torno a otro fenómeno: cómo algunas de las personalidades más tradicionales y conocidas de nuestra política se estaban quedando fuera, pues la gente había optado por marcar los rostros de otros candidatos.

Mientras se conocían los resultados preliminares y las plataformas virtuales del Tribunal Supremo Electoral actualizaban las actas, la sorpresa era ver que populares figuras como David Reyes, René Portillo Cuadra o Milena Mayorga (ARENA); Rodolfo Parker (PDC); Cristina López (PCN); Karina Sosa o José Luis Merino (FMLN) quedaban fuera de la Asamblea Legislativa.

Sus puestos parecían estar siendo tomados por un candidatos nuevos, sin mayor experiencia política previa y sin mayores bastiones territoriales. Esto generó, en parte del electorado, opiniones diversas. Por un lado, unos lo veían con escepticismo. Otros, con alegría desmesurada por deshacerse de “dinosaurios”. Y unos más, de forma más analítica, apuntaban a una de las ventajas del voto por cara, el no poder dar un “cargo por sentado”.

Al final del día, y respondiendo a la surrealista naturaleza de nuestros últimos procesos electorales, mucho se debió a un error en la asignación de las preferencias y los sorprendentes resultados iniciales dieron paso a un panorama más previsible: muchos de los candidatos tradicionales sí resultaron electos, pero el sistema le otorgó sus números a alguien más.

Por ende, la legislatura 2018-2021 no resultará tan nueva como se esperaba. Algunos, como Merino o la exatleta López, parece (hasta el momento en que escribo esto) que quedan fuera, pero en su mayoría, los tradicionales permanecen.

Sin embargo, es justo preguntar: “Candidato, decime qué se siente-e-e, haber perdido la curul”. El error de la empresa Smartmatic le hizo saber a algunos políticos lo que se vive cuando una elección es poco previsible, cuando el ciudadano tiene el poder de sacar de su puesto a alguien que parece que lo ocupará de por vida. Esta vez fue un accidente, pero trae algunas lecciones.

Uno de los pilares de las democracias representativas es la incertidumbre electoral, el saber que nadie tiene el gane asegurado y que el voto puede enviar a casa a los que no cumplan y abrir las puertas a alguien más. Ojalá que los “perdedores por un día” hayan tenido tiempo de reflexionar y por un momento se la hayan creído. Ojalá hayan pensado qué los llevó a perder. Y ojalá vean esto como un simulacro. Puede que un día sea real. O cumplen o se van.

Y los que sí quedaron fuera, con y sin el error tecnológico, sepan que no es casualidad: el voto por rostro permitió que los ciudadanos vetaran su propuesta. Ustedes, que quizá dieron por sentado el triunfo, también dígannos qué se siente.

Columnista de El Diario de Hoy.
@docAvelar