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Una fiesta patria

Por Max Mojica*

Mar 04, 2018- 15:47

Fui nutrido por el amor a la Patria por mis padres. En nuestras largas conversaciones de sobremesa, en esa lejana época en que la gente era proclive a conversar en familia sin interrupciones por WhatsApp o inoportunas llamadas a nuestros celulares inteligentes, mi padre nos contaba historias de la Segunda Guerra Mundial.

En mi mente infanto-juvenil, la Patria —así con mayúscula— pasó de ser un mero concepto accidental geográfico que marcó el evento estadístico del nacimiento de un salvadoreño más, a ser el más sincero de mis amores. Trabajar por su bienestar y progreso se convirtió el más intenso de mis objetivos.

Cuando la sentí amenazada por los intereses geopolíticos soviéticos, lamenté no tener la edad suficiente para irme a la guerra en su defensa, así que hice lo que estuvo a mi alcance: colaborar en las elecciones. La primera elección en la que pude colaborar aún sin haber cumplido la edad de votar, fue en la que resultó electo el presidente Cristiani. En ella, pude ser testigo del fervor patrio de los salvadoreños. Hombres y mujeres hacían largas colas para o caminaban considerables distancias para emitir su voto, todo como un claro desafío a la guerrilla, que había amenazado con sabotearlas, así como ahora las intentaron sabotear oscuros y cobardes intereses políticos, promoviendo el abstencionismo y el voto nulo.

Por lo menos, la guerrilla estaba conformada por personas que estaban dispuestas a dar su vida por lo que creían; aunque no esté de acuerdo con ellos, esa valentía se respeta. Ahora los que intentaron sabotear las elecciones no son más que “followers” de un niño caprichoso que pidió no votar “porque mi partido no está entre las opciones”. Acción cobarde, inmadura y sin sentido, a la que la población simplemente no le prestó oídos, lo que hace que razonablemente podamos pensar que esa alegada “simpatía” de la que hace gala en las redes sociales, no es más que un burdo producto de marketing publicitario.

A partir de las primeras elecciones en las que participé, me enamoré de la sensación del momento, por lo que siempre he hecho lo posible por participar. Cuando estaba estudiando mi maestría, suspendí algunas clases para formar parte de la Junta Receptora de Votos en las elecciones en las que resultó electo el presidente Sánchez Cerén, ya que tengo la plena convicción de que cuando la Patria llama, sus hijos responden.

Nunca he dejado de admirarme y deleitarme al ver a todos esos salvadoreños, orgullosamente vestidos con los colores de su preferencia política, acudir a las urnas y salir con su dedo marcado, con esa cara de satisfacción que solo pueden experimentar los hijos que le han cumplido a su patria.

Este 4 de marzo, pude observar como los grupos de ciudadanos que formaban las Juntas Receptoras de Votos dejaban a un lado sus diferentes tendencias políticas, para comportarse como hermanos, hijos de una misma Patria. Bromas y camaradería entre nosotros. En esos momentos, te das cuenta de que las barreras ideológicas únicamente son aprovechadas por las cúpulas, para “sacarle raja” al odio que nos separa como salvadoreños y que, precisamente, ellos mismos se encargan de sembrar para conseguir sus nefastos propósitos.

Estas elecciones particularmente fueron significativas para mí: fue la primera vez que, junto a este servidor de la Patria, participaron mis hijos, Max, Analy y Adriana. Ninguno de ellos puede votar por ser menores de edad, pero estuvieron ahí desde las cinco de la mañana, hasta las cinco y media de la tarde, sirviendo como orientadores. Indicándoles a los ciudadanos a dónde dirigirse, cómo ejercer su sagrado derecho y deber de emitir su voto. Mis hijos ayudaron a quien lo necesitara: rojo, naranja, verde, azul o tricolor, no había diferencia, todos hermanos de una misma madre, hijos de este gran país que lleva el nombre de nuestro redentor.

Ver a mis hijos sirviendo a su país fue para mí, la mayor de las satisfacciones. Ver a mis hermanos salvadoreños acudiendo a las urnas, en ambiente festivo, a castigar con su voto a los malos políticos y a premiar con su voto a los que ellos consideraban que merecen la oportunidad, me dejó lleno de orgullo y esperanzas de un mejor futuro. Yo creo en El Salvador, ahora lo que hace falta, es que todos juntos, luchemos por hacer de este, un mejor país.

Abogado,
máster en leyes.
@MaxMojica