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Urge trabajar por el bienestar de los jóvenes en riesgo

Por Karla Interiano*

Mar 03, 2018- 16:48

El mundo entero atraviesa por un período de crisis de valores y procesos acelerados de cambio, y El Salvador no es la excepción. La desintegración y desarmonía familiar, la falta de estímulos y atenciones de la familia hacia los jóvenes, la falta de escolaridad, entre otros, son factores que generan vulnerabilidad en la juventud, a tal grado de conducirlos a ser jóvenes delincuentes, es lamentable… la juventud pide a gritos ¡intervención!

Es lamentable observar cómo perdemos a nuestros jóvenes, que son el futuro y los vemos convertidos en jóvenes delincuentes, dejando de ser personas de bien, para convertirse en criminales, muchos de los cuales se encuentran presos y otros continúan delinquiendo, cobrando más vidas humanas.

Ante esta situación, varias acciones legales se han tomado; sin embargo, habrá que ponerse a pensar, qué acciones se han tomado hasta la fecha, en el tema de la prevención, es decir, que hacer para prevenir este problema; qué se hace con aquella población de jóvenes que se encuentran en riesgo social, entendiéndose en este grupo, aquellos jóvenes con problemas económicos, familiares y sociales que los vuelven vulnerables en sus derechos y oportunidades y que buscan alimento, diversión, compañía y afecto en lugares no adecuados, siendo expuestos a drogas, alcohol, violencia, prostitución y delincuencia.

Por lo tanto, es responsabilidad de todos en esta sociedad el desarrollo de los jóvenes; como grupo familiar y educadores en los centros escolares, se debe valorar, en qué medida se está contribuyendo a formar jóvenes de bien o indirectamente los conducimos a un riesgo, ya que tanto la familia, como la escuela y la sociedad misma, juegan un papel importante en el desarrollo de los menores; si se les brinda un adecuado trato y comunicación, interés por lo que les sucede, si existen muestras de afecto y consideración, se les inculcan valores, se utiliza un adecuado lenguaje al dirigirse a ellos, no se hace bullying, en fin, todo lo que conlleva una adecuada formación en el hogar, en la escuela y buen trato social; o por el contrario, son hogares, escuelas o grupos sociales, que lejos de fortalecer un buen desarrollo, lo deterioran.

He tenido la oportunidad de dirigirme a pequeños grupo de jóvenes que se encontraban en Centros de Capacitación técnica laboral, que participaban en programas de reinserción en Salvador y La Libertad, entre las edades de 14 y 18 años, lo cual me permitió conocer la visión y perspectivas del joven en riesgo, es decir, sus lazos afectivos, motivos, creencias y necesidades; siendo determinante para el adecuado desarrollo de los jóvenes, las condiciones emocionales, sociales y sobre todo la estructura familiar bajo la que crecen. La mayoría manifestó frustración al no cumplir sus expectativas, sentirse inferiores a los demás en algún momento de sus vidas, los ingresos familiares no eran suficientes para cubrir necesidades, demandaban oportunidades de estudio al alcance de todos, mayores fuentes de trabajo, inadecuada comunicación y comprensión en sus hogares y que se mejoraran las condiciones de vida.

En la actualidad, no considero que los factores sean diferentes, para los jóvenes en riesgo. Pueden haberse incrementado y las condiciones siguen siendo las mismas. Es hora de actuar, que las instituciones competentes y el Estado mismo, no solamente se enfoquen en cómo castigar al delincuente, sino en prevenir que un nuevo delincuente se forme. Se deben enfocar en la niñez y juventud vulnerables. Es necesario, reorientar los mecanismos de acción; se debe hacer una labor más investigativa, multidisciplinaria, reformar leyes, si es necesario; sin dejar de lado, la atención inmediata a las condiciones de pobreza, desempleo, mejorar la calidad de educación y que la misma esté al alcance de todos.

Una adecuada atención de los jóvenes en riesgo social puede resultar compleja, un gran reto para el Estado, muy probablemente no será sencillo; sin embargo, se deben unificar esfuerzos y generar voluntades, a nivel individual y como país… Vale la pena trabajar por nuestros niños y jóvenes, quienes son nuestro valioso tesoro.

Licenciada
en Psicología y Máster
en Diseños y aplicaciones
en Psicología y Salud.
Colaboradora de El Diario de Hoy.