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El #4M, los millennials y una democracia joven

Por Andy Failer*

Mar 03, 2018- 16:38

La democracia de nuestro país ha sido muy transitoria y posee demasiada historia sobre sus pilares de vida, pero si hablamos de una de las mayores transiciones podemos retomar las reformas constitucionales del 91 y posteriormente los Acuerdos de Paz en el 92. A partir de esas dos históricas fechas, la democracia de El Salvador nació y creció para convertirse en lo que conocemos hoy en día.

Los ciudadanos salvadoreños somos parte de una democracia joven, sobre todo en lo que respecta a lo electoral. Desde la firma de la Paz se han llevado a cabo 8 elecciones legislativas, donde el bajo nivel de participación ciudadana en las elecciones empezó a mostrar una tendencia a ser mayor desde el 2009, donde participó solo el 53.5 % de la población. La apatía de los jóvenes ante la política y la falta de interés ciudadano sobre la toma decisiones, son aspectos que influyen en la baja asistencia a las urnas. En 2015 la participación en las elecciones fue del 48.2 %.

Es curioso que mi generación, los millennials, aquellos que según el Pew Research Center (PRC), nos caracterizamos por ser críticos, tecnológicos, exigentes, comprometidos y participativos, somos los mismos que nos mostramos más desinteresados ante las elecciones, y a muchos se les es indiferente asistir a las urnas este #4M. A pesar de que nacimos en una época con un mejor entorno político, económico, social y que somos la generación que se posicionará como la mayor fuerza laboral de nuestro país, la política parece ser nada importante para la mayor parte de nuestra generación. Es lamentable, porque las decisiones que ya se están tomando y que se seguirán tomando en los próximos años son las mismas con las que nuestra generación cargará en sus hombros.

La apatía de los millennials ante la política es clara, pero no puedo obviar mencionar que también existe apatía por parte de nuestra joven democracia y que esta se debe al rol de los partidos políticos ante los millennials, el cual también es un hecho muy notable. El mismo estudio del PRC cataloga a mi generación, como jóvenes interconectados con varios puntos en común: trabajar no solo por un salario, sino también porque nos guste ese trabajo; aspiramos a todo lo que la generación de nuestros padres aspiró, pero queremos superarlos. Y en El Salvador, somos una generación de paradojas, la misma que nació en una democracia joven, pero que a su vez es acechada por el bipartidismo liderado por políticos de antaño.

Es importante destacar que la apatía política es un mutuo síntoma, los millennials no solo queremos votar porque es un deber cívico, sino que también queremos escoger a quienes realmente nos representen como individuos y no ideológicamente. Y siendo los millennials una generación etiquetada por ser más crítica que la de nuestros padres, exigimos valores más acordes a nuestra época, queremos mayor transparencia, inclusión, participación y verdadera capacidad profesional. Pero los partidos políticos se muestran apáticos a estos atributos y completamente desintonizados con el año 2018; se han convertido en instituciones nada creativas, dependientes de encuestas y grupos focales tradicionales, que al final evocan un discurso muy similar entre todos los entes partidarios, alimentando más su propia decadencia.

Este #4M debemos asistir a las urnas para demostrarles a los políticos que nos llaman apáticos, que no vamos a permitir que se acomoden en su cargo y, sobretodo, que no vamos a tolerar el cinismo ni la corrupción. Vayamos a desplazar a los que han vivido de la política por años, a los que han abusado de sus cargos; votemos por rostro en lugar de los colores tradicionales. Parte de lo que dicta el Artículo 21 de la Declaración Universal de Los Derechos Humanos del 48, es: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”. Votar, sin importar la forma en cómo lo hagamos, es nuestra mayor muestra de poder ciudadano. Votemos pues.

Colaborador de
El Diario de Hoy
@AndyFailer